La hoja de la lechuga

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martes, marzo 28, 2006

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 24


24. Domingo Munuera Rico. Un azul del Carmen, un maestro del Barrio, un escritor de Lorca

Son tantos años conociéndonos que uno se siente confortado en su amistad. A veces silenciosa, a veces concentrada, ahora comunicadora, más tarde intelectiva. Parece o da la sensación de que Domingo es un hombre hosco, como muy metido en sí mismo, pero no es así. Muchas veces está concentrado, buscando un remanso de paz y pensando en las cosas que tenían que ser fáciles y son de otra manera, que son muchas cosas las de dentro y no siempre hay esquema receptivo, el intelecto es algo complicado, y se es uno solo. Es ya un hombre curtido en mil batallas y cada batalla deja una cicatriz. Pero es un hombre azul y un hombre de la cultura de Lorca. Domingo Munuera ha sido en primer lugar docente y eso se nota en sus escritos. Después, o al mismo tiempo, es un hombre de Lorca y a eso se dedicó, a enseñar Lorca a los críos y a los mayores, cuando la escuela era aún un lugar en el que se podía –se dejaba- transmitir conocimientos. Del ahora mejor me callo, pero eso es lo que quiere el personal. El capitalismo salvaje, quizá el neoliberalismo, ha cambiado la cultura por la kultura y así les irá, ponme los peones que yo los haré esclavos. Y es una pena que los peones no vislumbren a dónde los llevan. Bueno, les irá como sea pero ellos no sabrán la diferencia. Así que, Domingo, lo primero que ideó fueron los ciclos de temas lorquinos para escolares, algo que dentro de poco es fácil que se imponga porque con tanto mestizaje (¿adulterado?) las raíces y la historia se habrán borrado y olvidado. Pero si así sucede es porque quizá ambas no les sirvan para nada.
Además de lorquino es azul y de ahí su interés por los movimientos cofradiles de raíz popular de Lorca. Cofradías y hermandades pasionarias en Lorca es un libro modélico. Lo único que ha hecho Domingo, casi nada, ha sido documentar, datar e historiar un movimiento importante de índole religioso, con origen medieval, para que se entienda un modo de pensar, una mentalidad, que se refleja hasta hoy.
Y ya dentro del terreno tortuoso de la rivalidad del color, aunque en esencia es un modo de concebir, un modo de entender una realidad, su análisis de blancos y azules es muy interesante, clarificador y definitorio, pero, unos no hacen mucho caso y les pesará y otro se irritan porque lo dicho viene de un azul. Como ha sucedido últimamente.
Pero, no se olvide, que enfado o incomprensión por junto o separado, lo que hace Domingo Munuera es documentar, ver legajos, leer, comentar, interpretar, definir y exponer, sin mentir, todo un método. Así que, si se dice algo en un libro de historia, y más de este tema, porque hay que cogérsela con papel de fumar, la pluma digo, es porque está en un texto de hace un par de cientos de años, o aún más. Por lo tanto, no lo dice en descrédito de nadie. Pero en esto pasa como en todo, si viene alguien de fuera y nos lo dice, pues qué bien, pero desde dentro no se tolera, porque está uno instalado en una tradición que si siquiera conoce y no es científica pero es la suya y ese es el último argumento, vaya por Dios.
En su interés por la etnología, fijó el Vía Crucis tradicional lorquino, el que se reza o canta aún en la Cuaresma, subida al Calvario incluida. Es que el Paso Morado también es del Carmen y uno aunque no practique mucho por razones obvias sí es amigo de conservar la manifestación popular.
No concluye aquí su manifestación escrita. Es buen conocedor de las historias o escritos que sobre la ciudad hicieron nuestros antepasados Cáceres Pla, el presbítero Campoy, Escobar Barberán, Cánovas Cobeño, Espín Rael, y escribió un libro distraído pero interesante porque por él andan revueltas las cosas de cada día y respuestas a preguntas que antes se hacían y ahora ni se piensan. Por eso, libro como el que muestro a continuación será buscado en un futuro muy cercano.
Sepa Domingo Munuera que debe seguir escribiendo cosas de su pueblo, de su vida, cosas que sus amigos vamos a leer con interés, con el mismo interés con que nos preguntamos por la salud o estamos con inquietud porque somos unos pocos que pertecemos a una especie en extinción y tampoco se respeta mucho lo que se hace por el otro. ¿Por qué? Porque es el otro y quién como Dios, que dijo el ángel.
Pero la descalificación es algo impuesto como norma en todos los medios y con ello hay que convivir sin que afecte excesivamente. Espero que antes de retirarnos definitivamente a nuestros cuarteles de invierno, es decir, a nuestra reserva espiritual, pueda leer alguna otra cosa de las que llevas entremanos. No sería despreciable una reflexión sobre lo que somos como lorquinos y lo que nos espera. Así el retiro sería más confortable. Lo más interesante del Diario de Musso con relación a Lorca, son las anotaciones que aparecen con el título de Carácter de los lorquinos. A como fueran, se añadía, quizá porque él se fijaba en eso, la tristeza que vivía aún el pueblo ocho años después de los sucesos del motín de Eraso. Pero esta Lorca de ahora no es así, en estos momentos la cosa se vive de otra manera y es que eso de ser aldea global, además de dejar de saber qué es Lorca, la convierte en un lugar sin personalidad, porque lo que sucede aquí se repite en todos los lados y lo de todos los lados también existe aquí y el hecho diferencial, al que se dice atender, como no existe, no se cuida, al final todos iguales, pero por abajo. De eso sabe D. M. y por eso le urjo a que informe a las generaciones futuras de cómo éramos, de cómo fuimos, a los que se creen que fuimos unos jilipollas porque vivimos cultivando unos valores que los de ahora ha pervertido, posiblemente porque mantener unos valores exige un esfuerzo y a los de ahora que se lo den todo hecho. Cuando uno vive la edad que tenemos, Domingo, puede pensar en una noche de insomnio, porque ya nos nos soporta ni la que nos tocó en suerte o nos la cambió, que no somos “na”, que no valemos para nada. Pero yo te juro que me gustaría que mis zarangollos murcianos (mis nietos de Murcia) conservasen algo de mi espíritu, de mi capacidad de trabajo, de mi capacidad de sacrificio, de mi desinterés, de mi decir las cosas claras oportune et importune, como reclamaba Saulo después de caerse del burro.