DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 15

15. El cartel
La Hermandad de Labradores, Paso Azul, está celebrando, bien que sin tirar el Paso por la ventana, es decir, con la mesura y justeza que lo caracteriza, el primer Centenario del Manto de la Virgen de los Dolores dibujado y dirigido por Francisco Cayuela Sánchez. Yo me alié con este proyecto como hago con todo lo que es, parece o suena a cultura. Son varios y diferentes actos los que están programados. Unos se han hecho, otros se están realizando y otros no sé si llegarán a nacer. Porque lo importante en el Paso, en la procesión, es el trono, la carroza, el bordado y el caballo. De los tronos no voy a decir nada, ni siquiera de los que llevan o van a llevar a hombros, porque un grano no hace granero. Las carrozas son espectaculares, ostentosas y representativas, lo que constituye una esencia en el Paso. Cae mi silencio sobre el bordado para evitar malentendidos, es decir, ni opino, no se me enfade alguien, aunque lo que diga sea positivo y se desate una crisis. Sobre los caballos, elogio, que los lleva Jacobo y ha ganado el Paso desde su llegada porque lo está haciendo bien, no porque sea amigo. Pues, como decía, y por orden, primero está la procesión como elemento principal, único e irrepetible, y después todo lo demás, que viene a entrar dentro de lo que me gusta llamar cultura azul. Este término es algo más que considerar el caballo, la carroza y el bordado como única expresión de un color, sino que, por extensión, denomina cualquier cosa que exceda el criterio tradicional. Todo cuanto afecte a la Hermandad de Labradores, Paso Azul, forma parte de la cultura azul. Por ejemplo, el antiguo Boletín Azul, hoy Revista Azul; la investigación, auspiciada desde la presidencia de José A. Mula García, sobre Juan Antonio Gómez Navarro; la publicación del libro de Joaquín Gimeno Castellar, o la exposición sobre Francisco Cayuela Sánchez, y otras iniciativas que están ya en los anales de nuestra Hermandad, llámese restauración del altar de Nuestra Señora de los Dolores o la reivindicada y prometida para el año próximo restauración del órgano de la iglesia de San Francisco. O la instauración de la oración civil que se celebra a mediados de septiembre, en la conmemoración de la festividad de los Dolores Gloriosos de Nuestra Señora. Todo esto es para mí cultura azul. Y como ya he dejado escrito, dentro de esa cultura o manera especial de percibir, se encuentra el cartel anunciador de todos estos actos, que ha realizado Alejo Molina, azul en exceso y en sentimiento, artista, recreador de las formas, con un ojo sutil para el encuadre fotográfico. Ha pasado, en parte, desapercibido porque así han querido los dioses manes y penates. Se presentó, se guardó, ahora se han colocado unos cuantos en algunos escaparates de comercios cuyos dueños/as son azules que, sin embargo, aunque no todos/as, se quedan con él y no lo exhiben porque les gusta. Así que la eficacia anunciadora del cartel, del póster de lujo que es el que recuerda la efeméride, ha quedado como insuficiente, aunque, me imagino, que se le ha valorado, pero el paño bueno no siempre ha de estar en el arca, pues debía anunciarse en alguna que otra pared o lugar que permita carteles, precisamente en las que siempre dicen responsable la empresa anunciadora. Hasta se podía haber vendido por uno o dos euros, es decir, por el precio de una cerveza, puesto que hay azules a los que le gustaría tenerlo. Todo el manto de Cayuela, aunque no tiene por qué ser original en el sentido de haberlo ideado totalmente, es una obra de arte. La delicadeza de su autor ha plasmado la parte más genial, más representativa, más sugeridora del manto azul. Es el momento en el que la cruz, que espera un cuerpo humano y divino, y es sostenida por un ángel de dolor, recibe una lluvia de rosas de otro ángel espiritual, mientras la paloma lleva una rosa de pasión en su pico y las pasionarias sustituyen a los sangrientos clavos tópicos de la Pasión, arropado todo en el inicio de un arco gótico florido. Allí, el delirio del color. Un breve filete dorado separa la imagen de la leyenda en la que se nos anuncia el Centenario del Manto Azul, de un Manto para una Madre. La leyenda, también en dorado, campea sobre un azul íntimo, fuerte. Alejo, no es porque seas mi hermano. Es porque me ha salido del corazón elogiar tu trabajo. Acostumbrados todos, y los azules también, a tus fotos, apenas valoramos tu vena artística y tu ilusión azul. Mas, volverás a sorprenderlos cuando contemplen tu trabajo, en noviembre, en la última actuación del ciclo de conferencias. Yo, que no estoy en ninguna oposición ni voy a estarlo, que soy suficiente para estar conmigo mismo y que desafortunadamente sé pensar y me doy cuenta, ya he iniciado mi retirada, que me puede el cansancio y necesito reposar debajo de la hoja de la lechuga. Pero, antes, mi homenaje porque te lo mereces y, como no te quedan abuelos/as, yo te alabo porque me parece exacto y correcto hacerlo. Tú sí estás dentro de la cultura azul, por la que has trabajado desde que regresaste a esta Lorca de tu corazón. Eso sí, en nuestro trabajo está/ha estado nuestra penitencia y nuestro gozo. Porque siempre sucede así.
La Hermandad de Labradores, Paso Azul, está celebrando, bien que sin tirar el Paso por la ventana, es decir, con la mesura y justeza que lo caracteriza, el primer Centenario del Manto de la Virgen de los Dolores dibujado y dirigido por Francisco Cayuela Sánchez. Yo me alié con este proyecto como hago con todo lo que es, parece o suena a cultura. Son varios y diferentes actos los que están programados. Unos se han hecho, otros se están realizando y otros no sé si llegarán a nacer. Porque lo importante en el Paso, en la procesión, es el trono, la carroza, el bordado y el caballo. De los tronos no voy a decir nada, ni siquiera de los que llevan o van a llevar a hombros, porque un grano no hace granero. Las carrozas son espectaculares, ostentosas y representativas, lo que constituye una esencia en el Paso. Cae mi silencio sobre el bordado para evitar malentendidos, es decir, ni opino, no se me enfade alguien, aunque lo que diga sea positivo y se desate una crisis. Sobre los caballos, elogio, que los lleva Jacobo y ha ganado el Paso desde su llegada porque lo está haciendo bien, no porque sea amigo. Pues, como decía, y por orden, primero está la procesión como elemento principal, único e irrepetible, y después todo lo demás, que viene a entrar dentro de lo que me gusta llamar cultura azul. Este término es algo más que considerar el caballo, la carroza y el bordado como única expresión de un color, sino que, por extensión, denomina cualquier cosa que exceda el criterio tradicional. Todo cuanto afecte a la Hermandad de Labradores, Paso Azul, forma parte de la cultura azul. Por ejemplo, el antiguo Boletín Azul, hoy Revista Azul; la investigación, auspiciada desde la presidencia de José A. Mula García, sobre Juan Antonio Gómez Navarro; la publicación del libro de Joaquín Gimeno Castellar, o la exposición sobre Francisco Cayuela Sánchez, y otras iniciativas que están ya en los anales de nuestra Hermandad, llámese restauración del altar de Nuestra Señora de los Dolores o la reivindicada y prometida para el año próximo restauración del órgano de la iglesia de San Francisco. O la instauración de la oración civil que se celebra a mediados de septiembre, en la conmemoración de la festividad de los Dolores Gloriosos de Nuestra Señora. Todo esto es para mí cultura azul. Y como ya he dejado escrito, dentro de esa cultura o manera especial de percibir, se encuentra el cartel anunciador de todos estos actos, que ha realizado Alejo Molina, azul en exceso y en sentimiento, artista, recreador de las formas, con un ojo sutil para el encuadre fotográfico. Ha pasado, en parte, desapercibido porque así han querido los dioses manes y penates. Se presentó, se guardó, ahora se han colocado unos cuantos en algunos escaparates de comercios cuyos dueños/as son azules que, sin embargo, aunque no todos/as, se quedan con él y no lo exhiben porque les gusta. Así que la eficacia anunciadora del cartel, del póster de lujo que es el que recuerda la efeméride, ha quedado como insuficiente, aunque, me imagino, que se le ha valorado, pero el paño bueno no siempre ha de estar en el arca, pues debía anunciarse en alguna que otra pared o lugar que permita carteles, precisamente en las que siempre dicen responsable la empresa anunciadora. Hasta se podía haber vendido por uno o dos euros, es decir, por el precio de una cerveza, puesto que hay azules a los que le gustaría tenerlo. Todo el manto de Cayuela, aunque no tiene por qué ser original en el sentido de haberlo ideado totalmente, es una obra de arte. La delicadeza de su autor ha plasmado la parte más genial, más representativa, más sugeridora del manto azul. Es el momento en el que la cruz, que espera un cuerpo humano y divino, y es sostenida por un ángel de dolor, recibe una lluvia de rosas de otro ángel espiritual, mientras la paloma lleva una rosa de pasión en su pico y las pasionarias sustituyen a los sangrientos clavos tópicos de la Pasión, arropado todo en el inicio de un arco gótico florido. Allí, el delirio del color. Un breve filete dorado separa la imagen de la leyenda en la que se nos anuncia el Centenario del Manto Azul, de un Manto para una Madre. La leyenda, también en dorado, campea sobre un azul íntimo, fuerte. Alejo, no es porque seas mi hermano. Es porque me ha salido del corazón elogiar tu trabajo. Acostumbrados todos, y los azules también, a tus fotos, apenas valoramos tu vena artística y tu ilusión azul. Mas, volverás a sorprenderlos cuando contemplen tu trabajo, en noviembre, en la última actuación del ciclo de conferencias. Yo, que no estoy en ninguna oposición ni voy a estarlo, que soy suficiente para estar conmigo mismo y que desafortunadamente sé pensar y me doy cuenta, ya he iniciado mi retirada, que me puede el cansancio y necesito reposar debajo de la hoja de la lechuga. Pero, antes, mi homenaje porque te lo mereces y, como no te quedan abuelos/as, yo te alabo porque me parece exacto y correcto hacerlo. Tú sí estás dentro de la cultura azul, por la que has trabajado desde que regresaste a esta Lorca de tu corazón. Eso sí, en nuestro trabajo está/ha estado nuestra penitencia y nuestro gozo. Porque siempre sucede así.

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