DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 25

25. Los soliloquios del solitario (I)
Se están provocando muchos cambios, irracionales unos, urticantes otros, para el ciudadano de a pie, y eso me tiene medio desasosegado, y no por los que me siguen, pues ellos sabrán (o no) lo que han de hacer. Pero a mí, sí me hacen pensar, por eso estoy vivo, desde la inutilidad de algunas de las propuestas políticas concretas, innecesarias a todas luces, hasta las consecuencias crispantes que han tenido y tendrán lugar. Muchos de estos pensamientos van a quedar plasmados aquí para que nadie se diga que no existo, sobre todo desde que a algunos les hubiera gustado que me manifestase sobre la lugar en el que se levanta la tercera torre del recinto medieval. El que no haya opinado públicamente no significa que esté escondido debajo de la hoja de la lechuga, cuando debajo de la hoja de la lechuga sólo hay humedad (u no me da).
Si se aprueba el estatuto de los catalanes independistas (de los otros no, por supuesto) y se hace lo mismo con lo que buscan los separatistas vascos, se producen dos efectos fulminantes: no hay quien desaloje del poder al PSOE en muchos años y no hay quien detenga la caída fulminante del PP en el mismo número de años. Lo primero porque la gente no quiere follones y, si se pacifica (aunque siempre habrá allí gente que no quiera la imposición nacionalista que les espera) el país vasco, eso es un cheque en blanco como premio a la gestión, es decir a la solución del problema que daba dolor de cabeza al resto del país. ¿Qué supone, se dicen, el precio pagado con lo abtenido? Porque alguno se pagará. Y lo que se conceda a uno será con daño del otro. Lo segundo porque el PP ha apostado por la legalidad vigente hasta antes de la aprobación del estatuto catalaúnico (quiere decir único para Cataluña, pero ya lo quieren los baleares, los canarios y los gallegos y los marroquíes Ceuta y Melilla, que es algo más que el Peregil de la risa) y ha votado en contra, pero, si se aprueba, ¿qué quedará tanto del PP como de la legalidad vigente? El PP representa a una parte de España y el PSOE a otra: ¿cuál de las dos me ha de helar el corazón? ¡Ay de la estrategia! ¡Vae victis! ¡Ay de los vencidos, de los contrariados, de los discriminados de una u otra manera en este país cainita! La legalidad vigente quizá se sustituya por otra a posteriori, claro, pero el PP que busque cómo se resucita a los muertos porque no tendrá cancha política en muchos año. Pero, ¿qué quedará de España? Bueno, la tierra, la pell de brau, al menos, se queda como está, se divida como se divida, que también super vestem mean deciderunt sortem. Si alguno no sabe esto, que se lo pregunte a Jesucristo.
Claro que esos supuestos serán realidades, si se cumple la promesa dada a Maragall, de quien se necesitan los veintiún votos que ahora apoyan al gobierno desde Cataluña. Así es que esa será otra música y tendrá que ser orquestada en Madrid, dicen, en el parlamento, que para eso está, dicen. Sonará la del segadors o la otra, pero el himno nacional sólo se jalea en los campos de fútbol. Por cierto: si se piensa que el himno nacional no tiene letra, se verá cuán inconveniente es hacerla y pedirla ahora. Hacerla, porque es mejor dejarla para después, para cuando se sepa lo que queda de España, puesto que España ya ha apartado de mí ese cáliz, aunque venga con otro en la mano falaz, felona, fernandoséptima. Y pedirla, porque le pueden dar a uno con un canto en los dientes. ¿Por qué? Porque crispa el ambiente. Pues, qué bien: ¿y lo que está pasando no?
Si el catalán es de aquí a nada lengua oficial del Estado, será del suyo, porque nadie nos puede hacer bilingüe por decreto. Sépase que en mi casa tengo un diccionario catalán-castellano desde hace muchos años para ayudarme en mis lecturas. Resulta que en leído en catalán a sus mejores poetas, claro que, para mí, uno de sus mejores poetas es Salvador Espríu, que no despierta entusiasmo naturalmente entre los revisionistas en el poder catalán por escasamente nacionalista. Yo añado que como los de ahora, separatistas más que nacionalistas. Y, algunos de ellos, resentidos. Me parece una cuestión de estética que yo lea en catalán, por ejemplo a Carme Riera, pero me parece antiestético un pacto contra natura entre los republicanos y los federalista no monárquicos, también antitético y posiblemente del género tonto porque a los separatistas sólo hay que concederles el tanto por ciento que les corresponde en las urnas no el que la ambición de poder, y quizá de revancha, les ha permitido.
Se ha silenciado por la prensa castellana, no por la catalana, las aspiraciones aranesas. Los habitantes de ese bello valle pirenáico creen que viven con relación a Cataluña como los catalanes con relación a España. Ellos lo ven de una manera y otros como un complejo que no se ha sacudido de encima la gente que busca cosas pequeñas en un tiempo en el que lo que impera es lo grande, como la globalización o una Unión Europea siempre endeble que intenta meter en Europa a un país asiático como es Turquía, aunque, cuando uno estudiaba hace miles de años había una Turquía europea y otra asiática. ¿Qué grado de autonomía concederá Carod Rovira al valle de Arán?
Se están provocando muchos cambios, irracionales unos, urticantes otros, para el ciudadano de a pie, y eso me tiene medio desasosegado, y no por los que me siguen, pues ellos sabrán (o no) lo que han de hacer. Pero a mí, sí me hacen pensar, por eso estoy vivo, desde la inutilidad de algunas de las propuestas políticas concretas, innecesarias a todas luces, hasta las consecuencias crispantes que han tenido y tendrán lugar. Muchos de estos pensamientos van a quedar plasmados aquí para que nadie se diga que no existo, sobre todo desde que a algunos les hubiera gustado que me manifestase sobre la lugar en el que se levanta la tercera torre del recinto medieval. El que no haya opinado públicamente no significa que esté escondido debajo de la hoja de la lechuga, cuando debajo de la hoja de la lechuga sólo hay humedad (u no me da).
Si se aprueba el estatuto de los catalanes independistas (de los otros no, por supuesto) y se hace lo mismo con lo que buscan los separatistas vascos, se producen dos efectos fulminantes: no hay quien desaloje del poder al PSOE en muchos años y no hay quien detenga la caída fulminante del PP en el mismo número de años. Lo primero porque la gente no quiere follones y, si se pacifica (aunque siempre habrá allí gente que no quiera la imposición nacionalista que les espera) el país vasco, eso es un cheque en blanco como premio a la gestión, es decir a la solución del problema que daba dolor de cabeza al resto del país. ¿Qué supone, se dicen, el precio pagado con lo abtenido? Porque alguno se pagará. Y lo que se conceda a uno será con daño del otro. Lo segundo porque el PP ha apostado por la legalidad vigente hasta antes de la aprobación del estatuto catalaúnico (quiere decir único para Cataluña, pero ya lo quieren los baleares, los canarios y los gallegos y los marroquíes Ceuta y Melilla, que es algo más que el Peregil de la risa) y ha votado en contra, pero, si se aprueba, ¿qué quedará tanto del PP como de la legalidad vigente? El PP representa a una parte de España y el PSOE a otra: ¿cuál de las dos me ha de helar el corazón? ¡Ay de la estrategia! ¡Vae victis! ¡Ay de los vencidos, de los contrariados, de los discriminados de una u otra manera en este país cainita! La legalidad vigente quizá se sustituya por otra a posteriori, claro, pero el PP que busque cómo se resucita a los muertos porque no tendrá cancha política en muchos año. Pero, ¿qué quedará de España? Bueno, la tierra, la pell de brau, al menos, se queda como está, se divida como se divida, que también super vestem mean deciderunt sortem. Si alguno no sabe esto, que se lo pregunte a Jesucristo.
Claro que esos supuestos serán realidades, si se cumple la promesa dada a Maragall, de quien se necesitan los veintiún votos que ahora apoyan al gobierno desde Cataluña. Así es que esa será otra música y tendrá que ser orquestada en Madrid, dicen, en el parlamento, que para eso está, dicen. Sonará la del segadors o la otra, pero el himno nacional sólo se jalea en los campos de fútbol. Por cierto: si se piensa que el himno nacional no tiene letra, se verá cuán inconveniente es hacerla y pedirla ahora. Hacerla, porque es mejor dejarla para después, para cuando se sepa lo que queda de España, puesto que España ya ha apartado de mí ese cáliz, aunque venga con otro en la mano falaz, felona, fernandoséptima. Y pedirla, porque le pueden dar a uno con un canto en los dientes. ¿Por qué? Porque crispa el ambiente. Pues, qué bien: ¿y lo que está pasando no?
Si el catalán es de aquí a nada lengua oficial del Estado, será del suyo, porque nadie nos puede hacer bilingüe por decreto. Sépase que en mi casa tengo un diccionario catalán-castellano desde hace muchos años para ayudarme en mis lecturas. Resulta que en leído en catalán a sus mejores poetas, claro que, para mí, uno de sus mejores poetas es Salvador Espríu, que no despierta entusiasmo naturalmente entre los revisionistas en el poder catalán por escasamente nacionalista. Yo añado que como los de ahora, separatistas más que nacionalistas. Y, algunos de ellos, resentidos. Me parece una cuestión de estética que yo lea en catalán, por ejemplo a Carme Riera, pero me parece antiestético un pacto contra natura entre los republicanos y los federalista no monárquicos, también antitético y posiblemente del género tonto porque a los separatistas sólo hay que concederles el tanto por ciento que les corresponde en las urnas no el que la ambición de poder, y quizá de revancha, les ha permitido.
Se ha silenciado por la prensa castellana, no por la catalana, las aspiraciones aranesas. Los habitantes de ese bello valle pirenáico creen que viven con relación a Cataluña como los catalanes con relación a España. Ellos lo ven de una manera y otros como un complejo que no se ha sacudido de encima la gente que busca cosas pequeñas en un tiempo en el que lo que impera es lo grande, como la globalización o una Unión Europea siempre endeble que intenta meter en Europa a un país asiático como es Turquía, aunque, cuando uno estudiaba hace miles de años había una Turquía europea y otra asiática. ¿Qué grado de autonomía concederá Carod Rovira al valle de Arán?
Si nace, crece o aumenta la antipatía de algunos contra Cataluña, se debe a la presencia de Carod Rovira, antipático donde los haya, escasamente político y festejante bullicioso de lo que ha hecho por y para que Cataluña avance y se despoje del síndrome castellano. Espero que me convenzan con la campaña de propaganda. La sensación que tengo es que nos están dando un mucho de vaselina para que después nos cuele más fácilmente el estatut, es decir, la constitución catalana según el PP, que, una vez conseguida la independencia, es decir, pasar de nación a estado, modificarán como les convenga y se habrán quedado con la mitad de la nación, estado o país, es decir, la España que desprecian. Pero habrá desgarros personales. Los políticos causantes y concedientes esperarán, supongo, superarlos con concesiones. Pero, ¿hasta dónde llegará el pastel? Calabardina, 1 de octubre de 2005. (Continuará).

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home