La hoja de la lechuga

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martes, marzo 28, 2006

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 28


28. Sobre el Elio y otras bondades

Esta semana, esta lechuga se viste de actualidad. Al menos va a estar más cercana a los sucesos que comentamos de lo que normalmente sucede, pues tendemos a escribir lechugas que no tengan fecha de caducidad. La pasada semana fue pródiga en hechos en los que intervenía. Tuve que presentar, aunque en verdad traté de evitar que así fuese, el libro ganador del VII Concurso Internacional de Novela Corta “Casino-Ayuntamiento de Lorca” 2004, El barco varado, premio que recayó en Amado Gómez Ugarte, persona afable, sincera, conocedora de la vida, y escritor con una larga retahíla de premios que le han de servir para evitar ese cursus honorum y enfrentarse con la novela de escaparate de librería, por denostada que esté –tiene calidad para ello–, no vaya a estar toda su vida persiguiendo premios como profesión. Y digo esto porque él se denomina escritor y a fe que la novela premiada en Lorca merece el galardón. Pero… y ya empezamos, estoy seguro de que, pese a los esfuerzos de los que llevan el premio, no a los del Casino, esta novela no va a estar en las librerías lorquinas. O si no, al tiempo. Porque lo diré en otra lechuga si así sucede, e instaré al editor a que envíe unos cuantos a una de ellas de esta Lorca con menos librerías que tabernas, como Dios manda. Y eso no es malo, porque a mí me gusta tanto el vino como la novela: los dos juntos, es algo que ni yo me merezco. Tal y como está este asunto, si yo fuera librero en Lorca, trataría de que su Asociación la editase. Sólo hay que hablar. Con independencia de otros esfuerzos que se han de hacer para que este premio, como otros generados en Lorca, no fallezca por frustración (de los que lo llevan) y cansancio (del patrocinador). El año que viene está asegurado. El siguiente… depende. Mantener este premio es para Lorca tan importante culturalmente hablando, si queremos apartarnos de la kultura que reina en este país de los peores resultados académicos en las escuelas según las encuestas, como tapiar otro paisaje más con miles de ladrillos, aunque sea legal por ley o por consorcio. Lo segundo parece progreso material. Lo primero, es progreso cultural, interior, espiritual, íntimo, educativo, del que hace que los que ponen los ladrillos sepan dónde ponerlos y no alteren el paisaje común ni lo privaticen, vuelvo a decir, aunque sea por acción u omisión. Que no hay nada mejor que dormir tranquilo y que no le duela el estómago a los que piensan dónde van a levantar otra mole de ladrillos, tan preciosos ellos y tan decorativos. Los modelos de ataúdes que he visto no tienen bolsillos para llevarse el dinero acumulado al otro mundo. Tampoco estaría de más pasarse una eternidad contando billetes.
Al día siguiente, viernes once, fecha que quiero dejar reflejada, porque se trata de que, por las veleidades de la diosa fortuna o por vaya usted a saber qué, me entregaron el Elio concedido con anterioridad. Tampoco yo me voy a pasar mi eternidad sacándole brillo al Elio. Con motivo de esta concesión he escuchado de todo. Sólo hay que dar premios a los generan riqueza. Sólo merecen premios los que crean empleo. Es decir, a los de los ladrillos y otras empresas que cumplen aquellos requisitos. Mas, resulta que este premio es una conciencia viviente. No es que sea un premio que apuesta decididamente por los valores culturales, pues recoge un amplio abanico de actitudes, pero sí tiene en cuenta la dedicación a la expansión de aquellos y a quienes hacen escuchar el nombre de su ciudad en ambientes culturales, porque ambos son factores inherentes a la vida de los pueblos y de ellos se adornan y prestigian. Eso no quiere decir que sean ellos los únicos a premiar, no. Todos los ciudadanos de Lorca son premiables. Hasta los que jamás lo vayan a recibir, incluso aquellos que nunca entrarán en las cábalas. Porque, por encima del ladrillo y del libro como objeto, están las personas, los lorquinos, que ser una y otra cosa, o ambas, es motivo de orgullo, objeto de ejemplo, modelo de trabajo. Pero, lo más bello es lo que rodea al premio, sin entrar en la disquisición de si es o no más complejo o más importante que se lo den a una asociación o a un individuo, de si es más fácil escribir una tontería que dirigir una asociación. Es verdad que un hombre o mujer sólo depende de sí mismo, porque buey suelto bien se lame, al menos el mío, y que una asociación tiene muchos asociados que pueden laborar y laboran por prestigiar a la misma. Es decir, no hay que entrar en el mundo de las comparaciones sino en la lid bella y honrosa de trabajar por levantar culturalmente a una sociedad, porque de poner kultura y ladrillo ya se encargan los otros. Es decir, ubi est thesaurus, ibi est coor tuus. Oye, estudiante de ahora, chico que buscas la calidad de enseñanza a golpe de pancarta: donde está tu tesoro, está tu corazón. Y la cultura, el saber, si quieres que hagamos cultura y saber sinónimos de algo que no lo son, es lo que hace libres e independientes y que, metéroslo en la cabeza, cuanto menos sepáis pensar, porque no os han permitido desarrollar esas potencias que impiden los planes de estudios actuales que os hacen anafabetos integrales incapaces de tomar decisones por vosotros mismos e incapaces de elaborar juicios personales, más os manipularán, más esclavos seréis de los que os han dado las facilidades, que después se vuelven en contra vuestra. Ellos, vosotros no, sí saben que en los panales de rica miel sólo hay muerte para todas las moscan que acudan. Mientras los que saben ver sin que nadie les indique lo que deben ver, esos son los verdaderamente libres, los que no van a esos panales de muerte. Y esa libertad sólo se aprende con la cultura. Bien. Por lo que el jurado haya visto en mí, me han concedido el Elio. En casa está y, como los romanos hacían con el altar donde estaban sus dioses manes y penates, antes de salir a la calle, le echo un vistazo y me marcho con un aviso conductual: ni he de manchar su memoria ni debo olvidar que la senda que me dio el Elio es la que debo mantener. Otro día seguiré con estas historias. Ahora sólo me queda decir que, con perdón, los AMIGOS DE LA CULTURA han salido ganando con la nueva presidenta. No estoy desmereciendo a los anteriores, por Dios, que debe uno estar en todo. Sino que Chon es otra historia. A ella le he ofertado lo que soy por si tiene necesidad de algo cultural. Y es que se lo ha ganado por los detalles que conmigo ha tenido. Que no es poco mérito para decirle desde esta lechuga que tengo encerrado el mar en una vasija salobre y le envío un puñado de rosas que me brotan de la mano. Que gracias, Chon.