DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 30
30. La popularización del arte, Ángela Mula y otras zarandajasHasta hace poco, sólo los artistas hacían exposiciones, al principio para que conociéramos su actividad, después para ganar dinero con su arte. Desaparecidos los mecenas, este asunto funciona así. Cuando la cosa política se populariza más y se da oportunidad a los que no la han tenido, proliferan las exposiciones que muestran los progresos de los alumnos autodidactas que, sin embargo, no han alcanzado aún unas estimables cotas artístico-estéticas. Eso hace que, con más intensidad, el arte se refugie en las galerías, pues los unos quieren distinguirse de los otros, por lo que siguen llamándo burgués al arte despectivamente los dueños de la otra cosa. Claro que lo hacen los que no tienen condiciones artísticas y siguen el arte de masas, los que han hecho del arte una masa al fin y al cabo. Sin embargo, aparecen fundaciones que, vinculadas a personas que o han sido artistas o sensibles al arte, presentan exposiciones de autores consagrados o con futuro. Los grandes museos presentan grandes exposiciones de grandes artistas en grandes salones en los que los burgueses con erupciones estéticas hacen grandes colas. Dios los perdone. Yo creo que en Madrid y en otras grandes ciudades hacen grandes colas, sobre todo, los días en los que la entrada es gratuita y, por supuesto, estas grandes colas de gentes que hacen colas no compran los catálogos. Pues bueno, pues en Mula, ciudad para ver, que ha sabido reconstruir las casas solariegas dieciochescas y conservar un casco antiguo con su belleza de siempre y no ha construido un parador en el castillo, pero va a conservar su monumentalidad y su visión, es hoy un atractivo turístico interior; en Mula, donde vive Juan González Castaño; en Mula, digo, ha expuesto una joven grabadora lorquina, artista con enorme futuro, Ángela Mula, en la fundación Cristóbal Gabarrón. En tiempo de mi recuperación, no pude ir a su inauguración, pero, una mañana de estas cogí mi coche, y fui a Mula para verla. La exposición, que habrá pasado talmente desapercibida para los lorquinos, merece la pena. Sugiero que la visiten, si llegan a tiempo, y, de paso, vean Mula. O al revés. Ya sabrán. Ángela Mula, suerte, hija, y te juro más trabajo para que expongas en Almería: la mala galería esa que ya tenía el compromiso de colgar tus grabados y ha fallado.
¿Por qué esto es así? Porque en cada época hay un canon estético que la caracteriza y así pasa a la historia del arte. Ahora, en época de destrozo, en la que los iconoclastas van rompiendo no sólo los cánones sino la estética misma y te dan churras por merinas, el todo vale es lo que impera y todo vale porque de todo pretenden sacar las pelas. Yo conozco gente incapaz de aprobar la ESO que funciona de narices con la cosa artística, eso sí, sin saber dibujar, sin entender nada de perspectiva pero haciendo cuadros en los que lo esencial es la descomposición, la tontuna imaginaria y el dolor de los dolores. Pero ejercitan su creatividad. ¿Son por eso artistas? No es que yo vaya contra eso, ni contra ellos, sino que no creo en los que se creen que son artistas y no saben hacer la o con un canuto, que son cosas distintas, como como el agua de mayo y el cante flamenco, o, por un suponer, Diana Navarro y Sonia Miranda. Por eso, creo que, sin duda, los que navegan por el ámbito artístico en el que quieren imperar los advenedizos, los que no están preparados, los que no tienen el corazón pleno de estética en lugar de sangre, los que de verdad forman y conforman el canon, por él se rigen y han asimilado la cultura estética, la cultura grecolatina, la cultura occidental, se encerrarán en guetos para protegerse a sí mismos de tanto mayo con sus flores y de primaveras con tanto capullo. La ciencia volverá a ser críptica porque llegan cuatro inútiles a vacilar con el santo grial y la madre del bicarbonato y eso es como la piedra filosofal o el séptimo sello. La literatura esperará a ver si algún santón de estos intenta violarla y huirá, al primer síntoma, al claustro, no al de las abadías, ni siquiera al materno, sino a una clausura interior. Y ese será el castigo, lo es ya, de esta generación de fantasmas que ha eliminado el humanismo como medio de educación, que daba una base sólida y que no estorbaba a nada ni a nadie, ni siquiera a los alumnos. Siempre ha habido quien no ha querido estudiar, siempre ha habido quien no ha estado capacitado para estudiar. Pero no le han pegado fuego a la cántara del agua ni a los legisladores ni a los docentes. Lo que falla ahora es que, a la tierna edad de diez años, no haya ya una preparación o aprendizaje, es decir, la categoría de APRENDIZ, que sí daba opciones de futuro sin obviar la ética ni la estética. Porque se cogía un barniz cultural que te servía para andar por la vida y te preparaba para un oficio al que podías optar para cuando salieses de la enseñanza obligatoria. Claro que los políticos de altura y “qué bien lo pasemos” hacen lo que les sale del forro y generan sistemas que hacen estulta a la plebe, hasta que la criada sale respondona. La educación será la gran fracasada y la escuela seguirá generando fracaso hasta que no se vuelva a la base. Algo general para todos. Y, enseguida, la división tradicional: trabajo y/o estudio. Con lo de ahora, parece que se trata de crear una masa de descerebrados, que no tienen ni la base de unos valores culturales, no voy a hablar de los morales, en que descansar. Así que se ven abocados, es lo que intuyen, a la esclavitud del peonaje en un estado del bienestar que para ello se va a reducir a un consumo inmediato. Así se produce la primera gran discriminación. Hay que respetar lo que ha valido siempre, hay que eliminar lo que no sirva, pero no se puede hacer lo que unos quieren, los ganadores siempre, utilizando unos votos que no eran sino para hacer unas reformas que eliminaran la discriminación e hiciera iguales a todos, pero no igualando por abajo. Hay temas como la educación y la sanidad que se deben consensuar con las grandes mayorías, oídas las minorías. Pero, no creo que nadie haga caso de las sensatas palabras que acabo de escribir, al menos yo las creo sensatas, pues son producto de cuarenta y tres años de experiencia en la escuela. El fondo debe permanecer intacto. La forma no. Que la modifiquen los logopedas, los pedagogos y los psicólogos que fueron los grandes beneficiados de una anterior reforma y así cambiarán los métodos, procedimientos y formas de enseñanza. Claro que entonces quizá fuese impulsado por quien se había educado en los Estados Unidos o tenía sus hijos estudiando en tan apartado rincón del mundo, al menos del rincón en el que escribo esta lechuga que comenzó bien y sobre la que ha caído la bilis acumulada mientras la escribía. Que ustedes perdonen.

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