La hoja de la lechuga

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martes, marzo 28, 2006

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 30

30. La popularización del arte, Ángela Mula y otras zarandajas
Hasta hace poco, sólo los artistas hacían exposiciones, al principio para que conociéramos su actividad, después para ganar dinero con su arte. Desaparecidos los mecenas, este asunto funciona así. Cuando la cosa política se populariza más y se da oportunidad a los que no la han tenido, proliferan las exposiciones que muestran los progresos de los alumnos autodidactas que, sin embargo, no han alcanzado aún unas estimables cotas artístico-estéticas. Eso hace que, con más intensidad, el arte se refugie en las galerías, pues los unos quieren distinguirse de los otros, por lo que siguen llamándo burgués al arte despectivamente los dueños de la otra cosa. Claro que lo hacen los que no tienen condiciones artísticas y siguen el arte de masas, los que han hecho del arte una masa al fin y al cabo. Sin embargo, aparecen fundaciones que, vinculadas a personas que o han sido artistas o sensibles al arte, presentan exposiciones de autores consagrados o con futuro. Los grandes museos presentan grandes exposiciones de grandes artistas en grandes salones en los que los burgueses con erupciones estéticas hacen grandes colas. Dios los perdone. Yo creo que en Madrid y en otras grandes ciudades hacen grandes colas, sobre todo, los días en los que la entrada es gratuita y, por supuesto, estas grandes colas de gentes que hacen colas no compran los catálogos. Pues bueno, pues en Mula, ciudad para ver, que ha sabido reconstruir las casas solariegas dieciochescas y conservar un casco antiguo con su belleza de siempre y no ha construido un parador en el castillo, pero va a conservar su monumentalidad y su visión, es hoy un atractivo turístico interior; en Mula, donde vive Juan González Castaño; en Mula, digo, ha expuesto una joven grabadora lorquina, artista con enorme futuro, Ángela Mula, en la fundación Cristóbal Gabarrón. En tiempo de mi recuperación, no pude ir a su inauguración, pero, una mañana de estas cogí mi coche, y fui a Mula para verla. La exposición, que habrá pasado talmente desapercibida para los lorquinos, merece la pena. Sugiero que la visiten, si llegan a tiempo, y, de paso, vean Mula. O al revés. Ya sabrán. Ángela Mula, suerte, hija, y te juro más trabajo para que expongas en Almería: la mala galería esa que ya tenía el compromiso de colgar tus grabados y ha fallado.
¿Por qué esto es así? Porque en cada época hay un canon estético que la caracteriza y así pasa a la historia del arte. Ahora, en época de destrozo, en la que los iconoclastas van rompiendo no sólo los cánones sino la estética misma y te dan churras por merinas, el todo vale es lo que impera y todo vale porque de todo pretenden sacar las pelas. Yo conozco gente incapaz de aprobar la ESO que funciona de narices con la cosa artística, eso sí, sin saber dibujar, sin entender nada de perspectiva pero haciendo cuadros en los que lo esencial es la descomposición, la tontuna imaginaria y el dolor de los dolores. Pero ejercitan su creatividad. ¿Son por eso artistas? No es que yo vaya contra eso, ni contra ellos, sino que no creo en los que se creen que son artistas y no saben hacer la o con un canuto, que son cosas distintas, como como el agua de mayo y el cante flamenco, o, por un suponer, Diana Navarro y Sonia Miranda. Por eso, creo que, sin duda, los que navegan por el ámbito artístico en el que quieren imperar los advenedizos, los que no están preparados, los que no tienen el corazón pleno de estética en lugar de sangre, los que de verdad forman y conforman el canon, por él se rigen y han asimilado la cultura estética, la cultura grecolatina, la cultura occidental, se encerrarán en guetos para protegerse a sí mismos de tanto mayo con sus flores y de primaveras con tanto capullo. La ciencia volverá a ser críptica porque llegan cuatro inútiles a vacilar con el santo grial y la madre del bicarbonato y eso es como la piedra filosofal o el séptimo sello. La literatura esperará a ver si algún santón de estos intenta violarla y huirá, al primer síntoma, al claustro, no al de las abadías, ni siquiera al materno, sino a una clausura interior. Y ese será el castigo, lo es ya, de esta generación de fantasmas que ha eliminado el humanismo como medio de educación, que daba una base sólida y que no estorbaba a nada ni a nadie, ni siquiera a los alumnos. Siempre ha habido quien no ha querido estudiar, siempre ha habido quien no ha estado capacitado para estudiar. Pero no le han pegado fuego a la cántara del agua ni a los legisladores ni a los docentes. Lo que falla ahora es que, a la tierna edad de diez años, no haya ya una preparación o aprendizaje, es decir, la categoría de APRENDIZ, que sí daba opciones de futuro sin obviar la ética ni la estética. Porque se cogía un barniz cultural que te servía para andar por la vida y te preparaba para un oficio al que podías optar para cuando salieses de la enseñanza obligatoria. Claro que los políticos de altura y “qué bien lo pasemos” hacen lo que les sale del forro y generan sistemas que hacen estulta a la plebe, hasta que la criada sale respondona. La educación será la gran fracasada y la escuela seguirá generando fracaso hasta que no se vuelva a la base. Algo general para todos. Y, enseguida, la división tradicional: trabajo y/o estudio. Con lo de ahora, parece que se trata de crear una masa de descerebrados, que no tienen ni la base de unos valores culturales, no voy a hablar de los morales, en que descansar. Así que se ven abocados, es lo que intuyen, a la esclavitud del peonaje en un estado del bienestar que para ello se va a reducir a un consumo inmediato. Así se produce la primera gran discriminación. Hay que respetar lo que ha valido siempre, hay que eliminar lo que no sirva, pero no se puede hacer lo que unos quieren, los ganadores siempre, utilizando unos votos que no eran sino para hacer unas reformas que eliminaran la discriminación e hiciera iguales a todos, pero no igualando por abajo. Hay temas como la educación y la sanidad que se deben consensuar con las grandes mayorías, oídas las minorías. Pero, no creo que nadie haga caso de las sensatas palabras que acabo de escribir, al menos yo las creo sensatas, pues son producto de cuarenta y tres años de experiencia en la escuela. El fondo debe permanecer intacto. La forma no. Que la modifiquen los logopedas, los pedagogos y los psicólogos que fueron los grandes beneficiados de una anterior reforma y así cambiarán los métodos, procedimientos y formas de enseñanza. Claro que entonces quizá fuese impulsado por quien se había educado en los Estados Unidos o tenía sus hijos estudiando en tan apartado rincón del mundo, al menos del rincón en el que escribo esta lechuga que comenzó bien y sobre la que ha caído la bilis acumulada mientras la escribía. Que ustedes perdonen.

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 29


29. Diana Navarro, en concierto.

Si por algo me hubiera gustado estudiar en la universidad medieval es porque, con siete asignaturas, el trivium (gramática, retórica y dialéctica) y cuadrivium (música, geometría, astronomía y aritmética), hubiera sido un sabio. Viene esto a colación porque hubiera sabido música suficiente para conocer y entender las canciones de aquel tiempo. Hoy, para saber medianamente por dónde anda la cosa musical, hubiera debido estudiar solamente música. De este modo, hubiera sabido interpretar el significado de la irrupción en el mundo musical de María del Mar Bonet, por su análisis, como cantautora, del folklore, en su caso primeramente localista y balear, hasta llegar a una mediterraneidad, al principio de ámbito lingüístico catalán, y su mestizaje con las músicas norteafricanas, concretamente con las tunecinas, con las magrebíes en general, y mezclarlas a lo largo de los treinta y tantos años de su carrera con otras músicas afro, brasileñas y centro europeas, enraizadas en el folklore popular del que bebe. Por ello, en el año 1985, fruto de su interés por la música del Norte de África, aparece su disco Anells d'aigua, con la colaboración del Ensemble de Musique Traditionelle de Túnez, con quienes efectúa una gira por el estado español y Francia. También hubiera sido capaz de conocer hasta dónde ha llegado su influencia en las nuevas generaciones de cantaoras que llegan a este tipo de canción aflamencada desde sus raíces flamencas. Pues bien, sin esta mescolanza, hoy no se entendería la música de Diana Navarro, frecuentemente citada en mi sección Debajo de la hoja de la lechuga, en donde ya he explicado cómo llegué a su conocimiento musical, pues el físico, fuera de haberla visto por la televisión, se produjo el viernes 18 de noviembre de este año de gracia, en el Teatro Guerra. Paso por alto la necesidad de tener un más amplio auditorio, paso por alto muchos comentarios sobre la recepción del espectáculo porque lo que me interesa es Diana Navarro, es decir, “hacer diana en Diana”. Eso sí, quiero significar que, al menos para mí, no es lo mismo escuchar a esta cantante en el teatro que en un concierto al aire libre. Porque, aunque el público iba predispuesto, conocedor hasta la saciedad, bueno, esa nunca se produce, del producto que presenta Diana Navarro, no es lo mismo meterse dentro del rollo desde una butaca que desde otro lugar como hubiera sido el castillo o fortaleza del sol, como se lee por ahí en la cosa del taller del tiempo. Diana Navarro es una bella mujer que juega con las manos, con la expresión corporal para subyugar a un público ya entregado, público, por otra parte, heterogéneo. Digo esto porque bastantes iban o querían haber escuchado a la Diana flamenca, a la Diana de la copla. Pero vimos a la Diana del disco. Tiene buena y potente voz, sabe modular y es un torrente de fuerza expresiva porque entra dentro de la letra, en general muy bella, de las canciones que interpreta, dice, canta. En ocasiones se entrega y el espectador sale reconfortado, porque el meneo cadencioso de manos, caderas y cuerpo entra en la tradicion árabe y dejos de su música son perceptibles en muchas de sus canciones. Lo digo como elogio. Como la rigidez de la música actual, domeñada por los intereses crematísticos de todos, impone el programa de un concierto, vino a Lorca, como irá a otros lugares, a cantar las canciones de su disco. Sólo por escucharla y verla en su genial interpretación de la saeta, mereció la pena ir al Teatro. Su intervención, basada, como he dicho, en el disco, tuvo un intermedio en el que cantó y narró musicalmente alguna que otra copla, pues no pudo olvidar sus orígenes. En este entreacto, jugó con el mantón de manila que sabe llevar dignamente y que caracolea y resbala cuando parece que cae, pero sólo es un efecto teatral en el que deja entrever un cuerpo magnífico que entrevela y oculta en un coqueteo inocente que forma parte de su particular coreografía. A mí me hubiera gustado escucharle algún cante más puro, alguna seguiriya, alguna soleá, algún cante recio. Pero ella vino a lo que vino y a fe que lo hizo con mucha dignidad, mucha profesionalidad, pues debió encontrarse a gusto, sin perder la cabeza, eso sí, y echar por el camino de en medio, el que nos hubiera gustado: la interpretación de canciones menos conocidas pero más flamencas, en una palabra. De todos modos, sigo siendo su fan, quizá, y sin quizá, sea la primera vez que, desde mi ya lejana juventud en la que me gustaba la Masiel de Mirlos, molinos de vientos y al sol, es decir, Rufo el pescador, no me haya dejado seducir por una música popular. Sin embargo, Diana Navarro me parecía más genuina cuando interpretaba a García Lorca, Federico, pues en ella había deseos de llegar y ahora, casi al final del camino del éxito, hace música bella pero más comercial. Espero con interés su nuevo disco y seguiré citándola en mi lechuga, aunque ahora ya es mucho más conocida que cuando yo hablaba de ella. Mis amigos ya no me preguntan quién es esa porque ya tiene sus coplas y me avisan cuando sale en un video clic. ¿Se llama así? Ella es Diana Navarro, señora de la música, para la que el amor tiene una barca que es ritmo, poesía, cuerpo y sentido, voz y estilo. Por ello, busca quien haga diana en Diana y juro que los encuentra.

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 28


28. Sobre el Elio y otras bondades

Esta semana, esta lechuga se viste de actualidad. Al menos va a estar más cercana a los sucesos que comentamos de lo que normalmente sucede, pues tendemos a escribir lechugas que no tengan fecha de caducidad. La pasada semana fue pródiga en hechos en los que intervenía. Tuve que presentar, aunque en verdad traté de evitar que así fuese, el libro ganador del VII Concurso Internacional de Novela Corta “Casino-Ayuntamiento de Lorca” 2004, El barco varado, premio que recayó en Amado Gómez Ugarte, persona afable, sincera, conocedora de la vida, y escritor con una larga retahíla de premios que le han de servir para evitar ese cursus honorum y enfrentarse con la novela de escaparate de librería, por denostada que esté –tiene calidad para ello–, no vaya a estar toda su vida persiguiendo premios como profesión. Y digo esto porque él se denomina escritor y a fe que la novela premiada en Lorca merece el galardón. Pero… y ya empezamos, estoy seguro de que, pese a los esfuerzos de los que llevan el premio, no a los del Casino, esta novela no va a estar en las librerías lorquinas. O si no, al tiempo. Porque lo diré en otra lechuga si así sucede, e instaré al editor a que envíe unos cuantos a una de ellas de esta Lorca con menos librerías que tabernas, como Dios manda. Y eso no es malo, porque a mí me gusta tanto el vino como la novela: los dos juntos, es algo que ni yo me merezco. Tal y como está este asunto, si yo fuera librero en Lorca, trataría de que su Asociación la editase. Sólo hay que hablar. Con independencia de otros esfuerzos que se han de hacer para que este premio, como otros generados en Lorca, no fallezca por frustración (de los que lo llevan) y cansancio (del patrocinador). El año que viene está asegurado. El siguiente… depende. Mantener este premio es para Lorca tan importante culturalmente hablando, si queremos apartarnos de la kultura que reina en este país de los peores resultados académicos en las escuelas según las encuestas, como tapiar otro paisaje más con miles de ladrillos, aunque sea legal por ley o por consorcio. Lo segundo parece progreso material. Lo primero, es progreso cultural, interior, espiritual, íntimo, educativo, del que hace que los que ponen los ladrillos sepan dónde ponerlos y no alteren el paisaje común ni lo privaticen, vuelvo a decir, aunque sea por acción u omisión. Que no hay nada mejor que dormir tranquilo y que no le duela el estómago a los que piensan dónde van a levantar otra mole de ladrillos, tan preciosos ellos y tan decorativos. Los modelos de ataúdes que he visto no tienen bolsillos para llevarse el dinero acumulado al otro mundo. Tampoco estaría de más pasarse una eternidad contando billetes.
Al día siguiente, viernes once, fecha que quiero dejar reflejada, porque se trata de que, por las veleidades de la diosa fortuna o por vaya usted a saber qué, me entregaron el Elio concedido con anterioridad. Tampoco yo me voy a pasar mi eternidad sacándole brillo al Elio. Con motivo de esta concesión he escuchado de todo. Sólo hay que dar premios a los generan riqueza. Sólo merecen premios los que crean empleo. Es decir, a los de los ladrillos y otras empresas que cumplen aquellos requisitos. Mas, resulta que este premio es una conciencia viviente. No es que sea un premio que apuesta decididamente por los valores culturales, pues recoge un amplio abanico de actitudes, pero sí tiene en cuenta la dedicación a la expansión de aquellos y a quienes hacen escuchar el nombre de su ciudad en ambientes culturales, porque ambos son factores inherentes a la vida de los pueblos y de ellos se adornan y prestigian. Eso no quiere decir que sean ellos los únicos a premiar, no. Todos los ciudadanos de Lorca son premiables. Hasta los que jamás lo vayan a recibir, incluso aquellos que nunca entrarán en las cábalas. Porque, por encima del ladrillo y del libro como objeto, están las personas, los lorquinos, que ser una y otra cosa, o ambas, es motivo de orgullo, objeto de ejemplo, modelo de trabajo. Pero, lo más bello es lo que rodea al premio, sin entrar en la disquisición de si es o no más complejo o más importante que se lo den a una asociación o a un individuo, de si es más fácil escribir una tontería que dirigir una asociación. Es verdad que un hombre o mujer sólo depende de sí mismo, porque buey suelto bien se lame, al menos el mío, y que una asociación tiene muchos asociados que pueden laborar y laboran por prestigiar a la misma. Es decir, no hay que entrar en el mundo de las comparaciones sino en la lid bella y honrosa de trabajar por levantar culturalmente a una sociedad, porque de poner kultura y ladrillo ya se encargan los otros. Es decir, ubi est thesaurus, ibi est coor tuus. Oye, estudiante de ahora, chico que buscas la calidad de enseñanza a golpe de pancarta: donde está tu tesoro, está tu corazón. Y la cultura, el saber, si quieres que hagamos cultura y saber sinónimos de algo que no lo son, es lo que hace libres e independientes y que, metéroslo en la cabeza, cuanto menos sepáis pensar, porque no os han permitido desarrollar esas potencias que impiden los planes de estudios actuales que os hacen anafabetos integrales incapaces de tomar decisones por vosotros mismos e incapaces de elaborar juicios personales, más os manipularán, más esclavos seréis de los que os han dado las facilidades, que después se vuelven en contra vuestra. Ellos, vosotros no, sí saben que en los panales de rica miel sólo hay muerte para todas las moscan que acudan. Mientras los que saben ver sin que nadie les indique lo que deben ver, esos son los verdaderamente libres, los que no van a esos panales de muerte. Y esa libertad sólo se aprende con la cultura. Bien. Por lo que el jurado haya visto en mí, me han concedido el Elio. En casa está y, como los romanos hacían con el altar donde estaban sus dioses manes y penates, antes de salir a la calle, le echo un vistazo y me marcho con un aviso conductual: ni he de manchar su memoria ni debo olvidar que la senda que me dio el Elio es la que debo mantener. Otro día seguiré con estas historias. Ahora sólo me queda decir que, con perdón, los AMIGOS DE LA CULTURA han salido ganando con la nueva presidenta. No estoy desmereciendo a los anteriores, por Dios, que debe uno estar en todo. Sino que Chon es otra historia. A ella le he ofertado lo que soy por si tiene necesidad de algo cultural. Y es que se lo ha ganado por los detalles que conmigo ha tenido. Que no es poco mérito para decirle desde esta lechuga que tengo encerrado el mar en una vasija salobre y le envío un puñado de rosas que me brotan de la mano. Que gracias, Chon.

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 27


27. Ficción y autobiografía

Cuando se me convocó para escribir lo que después llamo lechuga, aunque por poco tiempo, no tenía, ni tengo, plan alguno. Es difícil, escribiendo en un periódico local, no hacerlo sobre cosas locales que, en definitiva no van más allá de las paretas de San Diego, como decía mi madre. Es decir, no trascienden más allá de nuestros propios intereses. Tras algún que otro penduleo y una llamada al orden por preguntar si una hoja de lechuga vale/cuesta más o menos que un anuncio por palabras, encontré una fórmula viable para expresarme en la que cupiera de todo. Si se conoce algo la literatura española, se comprobará cómo, en el siglo XVIII, para reconvenir o educar o reducir al silencio al pueblo, los ilustrados neoclásicos utilizaron la fábula. Lo que me pasa cuando escribo es que se me agolpan tantas cosas que quiero decir que, amén de perder el orden, la cosa se vuelve oscura. Por ejemplo. Quiero decir que algún día escribiré sobre la reducción al silencio. Las consecuencias de ella es la misma que se deriva de una actuación políticamente correcta. Es decir, anarquía sí, pero dentro de un orden. Como se observa, he alterado el curso del pensamiento primero sobre el que debo volver. Pero, como he introducido lo de la fábula, debo explicarlo. Cuando en el XVIII querían decirle a alguien que era un mentacato, se lo explicaban por medio de una fábula y de este modo ejemplificaban. Recuérdese, señoras y señores de la ESO, la de la mona: Subió una mona a un nogal / y encontrando una nuez verde / en la cáscara la muerde / conque le supo muy mal. / Arrojóla el animal / y se quedó sin comer. / Así suele suceder / a quien su empresa abandona / porque encuentra, como la mona, / un principio que vencer. He repetido de memoria lo que aprendí quizá sin tener diez años: perdonen si he cometido algún error. Era un modo de decirle inconstante a un príncipe, perdón, ese fue Calderón, a un joven que abandonaba casi todo lo que empezaba. Al primer obstáculo, pues dejaba el trabajo. Pues bien, retomando el hilo, Walt Disney, ponía en boca de animales lo que quería decir a los humanos, porque lo que pretendía era moralizar, señalar los defectos humanos pero en animales humanizados para que nadie se sintiese señalado y fuese al sicólogo al punto. Así que digo, parafraseando a La Codorniz, la revista más audaz para el lector más inteligente, que sólo al que le gusta la verdura entiende la lechuga. Pero, vivimos en un pueblo inteligente porque muy muchos me hablan de ella. Y hay algunos que han estado preocupados por mi enfermedad hasta leer el síndrome metabólico. Hasta me han llamado por teléfono para preguntarme por mi salud. Si dijese que no he estado mal, mentiría. Pero no todo lo que he contado es tan así. Pero he querido ponerme de ejemplo porque así nadie se daba por aludido. Tranquilízense mis amigos. Estoy bien ahora. Los médicos de familia, en mi infancia de cabecera, son los más listos para callar al enfermo sin contentarlo porque no pueden. Te preguntan tan serios después de decirles tú que te pasa esto, eso y aquello: ¿Cuántos años tienes? Y le contestas. Voy a cumplir sesenta y seis. Pues tienes un cuerpo de un hombre de sesenta y seis años. Y te vienes tan contento de la consulta. Mas, cuando reflexionas, te cabreas contigo mismo: ¿es que por tener la edad que tengo no puedo tener una mejor calidad de vida? Bien está que se me haya insubordinado la entrepierna, digo la próstata. Bien está que no se regule la tensión. Bien está que debas abandonar tus costumbres. Y ahí es donde me rebelo. No beba usted más vino. Como si uno hubiese estado toda la vida como Noé, por poner un ejemplo. Así que, como a la subida de un puente y a la bajada de otro ninguno que beba vino le diga borracho a otro, para mostrar y hacer entender que hay que hacer caso al médico, me pongo yo como ejemplo del malestar que produce beber vino. Y cuando hay que elegir un color me pongo como ejemplo de azul, aunque haya otros que lo sean más que yo y que San Francisco sea un hervidero a pesar de las bodas. ¿Bodas? Sí, bodas. ¿Te disgustan? A medias. ¿Por qué? Porque visten de blanco. Pero hombre, ¿una novia de azul? ¿Veis? Esto es lo que constituye la esencia de un artículo. Jugar con las palabras, darles un doble sentido para que se ponga en juego la agudeza de ingenio del lector e interprete el sentido de lo dicho. En todos los artículos hay más ficción, es decir, cosas inventadas o que se te ocurren cuando estás delante de la página en blanco (en este caso la pantalla del ordenador), que autobiografía, es decir, cosas de uno mismo, aunque las cosas de uno mismo son las que te sirven para el hilo del discurso, o sea, para decir la fábula o paradoja de lo que quieres que el ciudadano haga o diga. Si digo kultura es para que la gente haga cultura. Y si digo qué bien que lo pasemos cuando hemos hecho una tontuna es para que nos demos cuenta del disparate cometido y no volvamos al error. Dicen que el hombre es el animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Pues sólo pretendo que propiece una. Y si yo digo qué bueno es este libro es porque, habiendo yo disfrutado con su lectura, disfruten los demás si lo leen. El otro día, en Calabardina, ya hablaban unas señoras de lo poco cívico que resulta poner la sombrilla a la mañana por la mañana temprano justo en el lugar hasta donde llega la ola sencilla de la mar de aquí. Pues de eso se trataba. De que lo viesen así. Por ello, mi queridos amigos, mis queridas amigas, aprended a ver cuándo lo que digo en un artículo es ficción o es cosa personal. Así no os preocuparéis por el amigo. Aunque lo agradezco, pues para eso todos somos hijos de vecino. También mi madre decía esto, pero…¿qué querría decir?

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26. Los soliloquios del solitario (y II)

Con motivo del congreso sobre José Musso Valiente, pregunté a una catalana de pro su opinión sobre esto que ya ha llegado. No es que yo sea un fenómeno de la anticipación, sino que se veía venir y ya me preocupaba. No la vi muy favorable, supongo que no intentaría disimular ante un castellano que ve a todas las autonomías españolas a la misma altura y al que, al fin y al cabo, sólo entiende esto como una puñalada a traición, sobre todo política, pero nada más. Instada por mí a manifestarse, me contestó más o menos así: vamos a ver qué pasa. Pues ya lo sabemos. Y en estas estamos, a ver qué sigue pasando. Se espera que se imponga la pericia política. Un paso así, si se lleva a cabo, debe ser obra de todos, no sólo de una parte contratante.
Hoy es 8 de octubre. Y a las 19 horas de esta tarde en la que el sol inunda el lugar en el que escribo y el mar es un mundo azul con un iris de atardecida. Alguna barquita atraviesa sus aguas y por encima de los montes cercanos el sol que se pierde deja una estela rojiza. Escribo esto que se publicará cuando Dios quiera, perdida su actualidad. Pero esta es la grande y servidumbre de un semanario como el nuestro: Arco Mediterráneo
Ibarretxe dice que “el futuro de Cataluña y de Euskadi no se puede decidir en Madrid”, pero, por la misma regla de tres, el futuro de España no se puede decidir en Cataluña y/o en Euskadi. Entre estas dos autonomías, existe una enorme diferencia: en Cataluña no funcionan las pistolas. Quizá, solucionar estos problemas seculares, sólo se pueda llevar a cabo cuando los políticos dejen de mirarse el ombligo y practiquen la verdadera política: la soberanía recae en el pueblo y el político debe interpretar lo que el pueblo quiera, no hacer sus propios planteamientos con la excusa de que tiene los votos.
Sin duda alguna, la democracia debe respetar las minorías. Pero esas regiones que se quieren autodefinir como pisoteadas por la que llaman España como si fuese algo espúreo, y habría que tratarla como lo que es y significa, que se quieren ir, invocando no sé qué males, agraviados y malcontentos, del terrotorio común, no son minorías. Primero: si obedece a males pasados, ya son pretéritos y no se dan en la actualidad por más que jueguen a victimismos. Segundo: de minorías nada. Son autonomías del mismo rango que las otras quince. Autonomía no implica autodeterminación. Claro que ser autonomía no implica ser autónomos, sino solidarios. Su límite está en el que marca la Constitución. Y esa fractura que pretenden, esa secesión del mapa hispánico, se va a repetir en cualquier momento. Es un bonito espectáculo revivir la incivilidad de los carlistas-cristinos o los agravios de los catalañes perpretados por el gobierno de Madrid, cuando por encima de nosotros ha pasado tanta historia. Señores, ¿se les ha parado el reloj de la historia o no tienen memoria histórica? La democracia implica el que cada uno de los representantes del pueblo, elegidos por el pueblo, represente la parte de votos obtenidos. Es contra natura el que un señor con bigote zahiera a España por su clamor independentista con cuatro votos de nada y por una actitud política de convergentes descontentos y maragallianos en busca del tiempo perdido. Y lo es más porque Maragall le da cancha para mantener el poder. Y lo es más porque, para anular a la oposición, se hace lo que haga falta, siempre desde la inexperiencia y sin sentido común. Alemania ha dado un ejemplo político, no sin luchas partidistas, pero se ha impuesto el sentido común, porque hacía falta un gran pacto entre los partidos mayoritarios para llevar a cabo un programa que es necesario para que el pueblo alemán salga de la situación en la que actualmente se halla porque está haciendo un enorme esfuerzo para salvar su economía tras la unificación de las dos Alemanias para que no haya ciudadanos de primera, segunda y tercera, según el desarrollo de cada región. Por eso, cuando Artur Mas declara que a medio plazo todas las autonomías tendrán que vivir de su propio esfuerzo económico y fiscal, se retrata, aunque parezca un galán de cine maduro, está demostrando lo que significa ser insolidario, cómo mantiene el dicho antiguo de que el que no llora no mama y de que ha puesto la pela por encima de cualquier otro concepto o criterio humano y humanista. Ya está bien de creer que los catalanes han crecido tanto porque son más trabajadores que los murcianos, andaluces y extremeños, cuando eso no es así. Les podemos preguntar qué ha aportado a su economía regional la emigración de gentes de estas regiones. Porque me parece obvio que si desde el Estado franquista se hubiera invertido en Extremadura lo mismo que se hizo en Cataluña, llámese Barcelona, porque quizá para ellos mismo Cataluña es Barcelona, las Hurdes serían ahora un paraíso turístico. Y casi todo ese progreso económico se debe a esos brazos que, al parecer, en sus tierras de origen no eran trabajadores.
Bien. Todas estas reflexiones no dejan de ser tontunas producidas por la irritación sorda que ha originado el tripartito y parte de un partido que se ha dividido ante este nefasto sobresalto al que ellos mismos tendrá que poner coto. Porque cerrar estos afanes independentistas no será posible mientras la gente política se mire el ombligo y se crea que son ellos mismos los generadores del poder que ostentan. Claro que, disponiendo de la enseñanza/educación (poca) y creando hornadas y hornadas de analfabetos integrales, es decir, productos alienados de la cultura de masas, es decir, apocalípticos e integrados, como Umberto Eco decía, poca resistencia política van a encontrar de esas masas sociales ante las incongruencias e insansateces que nos brindan personas a las que el respeto evita descalificar, pero no nos impide preguntarnos en manos de quiénes estamos. Ahora bien, si los ciudadanos de la pell de brau votan que sea como ellos dicen, pues perfecto, con la inquisición chitón. Pero desde la chulería, desde la creación del desconcierto, la ceremonia de la confusión, del sueño de una noche de poder me parece lo mismo que instalar el absurdo en unas relaciones normales y fluidas. Señores implicados: hay cosas que no se tocan para mal, como la madre de uno.

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25. Los soliloquios del solitario (I)
Se están provocando muchos cambios, irracionales unos, urticantes otros, para el ciudadano de a pie, y eso me tiene medio desasosegado, y no por los que me siguen, pues ellos sabrán (o no) lo que han de hacer. Pero a mí, sí me hacen pensar, por eso estoy vivo, desde la inutilidad de algunas de las propuestas políticas concretas, innecesarias a todas luces, hasta las consecuencias crispantes que han tenido y tendrán lugar. Muchos de estos pensamientos van a quedar plasmados aquí para que nadie se diga que no existo, sobre todo desde que a algunos les hubiera gustado que me manifestase sobre la lugar en el que se levanta la tercera torre del recinto medieval. El que no haya opinado públicamente no significa que esté escondido debajo de la hoja de la lechuga, cuando debajo de la hoja de la lechuga sólo hay humedad (u no me da).
Si se aprueba el estatuto de los catalanes independistas (de los otros no, por supuesto) y se hace lo mismo con lo que buscan los separatistas vascos, se producen dos efectos fulminantes: no hay quien desaloje del poder al PSOE en muchos años y no hay quien detenga la caída fulminante del PP en el mismo número de años. Lo primero porque la gente no quiere follones y, si se pacifica (aunque siempre habrá allí gente que no quiera la imposición nacionalista que les espera) el país vasco, eso es un cheque en blanco como premio a la gestión, es decir a la solución del problema que daba dolor de cabeza al resto del país. ¿Qué supone, se dicen, el precio pagado con lo abtenido? Porque alguno se pagará. Y lo que se conceda a uno será con daño del otro. Lo segundo porque el PP ha apostado por la legalidad vigente hasta antes de la aprobación del estatuto catalaúnico (quiere decir único para Cataluña, pero ya lo quieren los baleares, los canarios y los gallegos y los marroquíes Ceuta y Melilla, que es algo más que el Peregil de la risa) y ha votado en contra, pero, si se aprueba, ¿qué quedará tanto del PP como de la legalidad vigente? El PP representa a una parte de España y el PSOE a otra: ¿cuál de las dos me ha de helar el corazón? ¡Ay de la estrategia! ¡Vae victis! ¡Ay de los vencidos, de los contrariados, de los discriminados de una u otra manera en este país cainita! La legalidad vigente quizá se sustituya por otra a posteriori, claro, pero el PP que busque cómo se resucita a los muertos porque no tendrá cancha política en muchos año. Pero, ¿qué quedará de España? Bueno, la tierra, la pell de brau, al menos, se queda como está, se divida como se divida, que también super vestem mean deciderunt sortem. Si alguno no sabe esto, que se lo pregunte a Jesucristo.
Claro que esos supuestos serán realidades, si se cumple la promesa dada a Maragall, de quien se necesitan los veintiún votos que ahora apoyan al gobierno desde Cataluña. Así es que esa será otra música y tendrá que ser orquestada en Madrid, dicen, en el parlamento, que para eso está, dicen. Sonará la del segadors o la otra, pero el himno nacional sólo se jalea en los campos de fútbol. Por cierto: si se piensa que el himno nacional no tiene letra, se verá cuán inconveniente es hacerla y pedirla ahora. Hacerla, porque es mejor dejarla para después, para cuando se sepa lo que queda de España, puesto que España ya ha apartado de mí ese cáliz, aunque venga con otro en la mano falaz, felona, fernandoséptima. Y pedirla, porque le pueden dar a uno con un canto en los dientes. ¿Por qué? Porque crispa el ambiente. Pues, qué bien: ¿y lo que está pasando no?
Si el catalán es de aquí a nada lengua oficial del Estado, será del suyo, porque nadie nos puede hacer bilingüe por decreto. Sépase que en mi casa tengo un diccionario catalán-castellano desde hace muchos años para ayudarme en mis lecturas. Resulta que en leído en catalán a sus mejores poetas, claro que, para mí, uno de sus mejores poetas es Salvador Espríu, que no despierta entusiasmo naturalmente entre los revisionistas en el poder catalán por escasamente nacionalista. Yo añado que como los de ahora, separatistas más que nacionalistas. Y, algunos de ellos, resentidos. Me parece una cuestión de estética que yo lea en catalán, por ejemplo a Carme Riera, pero me parece antiestético un pacto contra natura entre los republicanos y los federalista no monárquicos, también antitético y posiblemente del género tonto porque a los separatistas sólo hay que concederles el tanto por ciento que les corresponde en las urnas no el que la ambición de poder, y quizá de revancha, les ha permitido.
Se ha silenciado por la prensa castellana, no por la catalana, las aspiraciones aranesas. Los habitantes de ese bello valle pirenáico creen que viven con relación a Cataluña como los catalanes con relación a España. Ellos lo ven de una manera y otros como un complejo que no se ha sacudido de encima la gente que busca cosas pequeñas en un tiempo en el que lo que impera es lo grande, como la globalización o una Unión Europea siempre endeble que intenta meter en Europa a un país asiático como es Turquía, aunque, cuando uno estudiaba hace miles de años había una Turquía europea y otra asiática. ¿Qué grado de autonomía concederá Carod Rovira al valle de Arán?
Si nace, crece o aumenta la antipatía de algunos contra Cataluña, se debe a la presencia de Carod Rovira, antipático donde los haya, escasamente político y festejante bullicioso de lo que ha hecho por y para que Cataluña avance y se despoje del síndrome castellano. Espero que me convenzan con la campaña de propaganda. La sensación que tengo es que nos están dando un mucho de vaselina para que después nos cuele más fácilmente el estatut, es decir, la constitución catalana según el PP, que, una vez conseguida la independencia, es decir, pasar de nación a estado, modificarán como les convenga y se habrán quedado con la mitad de la nación, estado o país, es decir, la España que desprecian. Pero habrá desgarros personales. Los políticos causantes y concedientes esperarán, supongo, superarlos con concesiones. Pero, ¿hasta dónde llegará el pastel? Calabardina, 1 de octubre de 2005. (Continuará).

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 24


24. Domingo Munuera Rico. Un azul del Carmen, un maestro del Barrio, un escritor de Lorca

Son tantos años conociéndonos que uno se siente confortado en su amistad. A veces silenciosa, a veces concentrada, ahora comunicadora, más tarde intelectiva. Parece o da la sensación de que Domingo es un hombre hosco, como muy metido en sí mismo, pero no es así. Muchas veces está concentrado, buscando un remanso de paz y pensando en las cosas que tenían que ser fáciles y son de otra manera, que son muchas cosas las de dentro y no siempre hay esquema receptivo, el intelecto es algo complicado, y se es uno solo. Es ya un hombre curtido en mil batallas y cada batalla deja una cicatriz. Pero es un hombre azul y un hombre de la cultura de Lorca. Domingo Munuera ha sido en primer lugar docente y eso se nota en sus escritos. Después, o al mismo tiempo, es un hombre de Lorca y a eso se dedicó, a enseñar Lorca a los críos y a los mayores, cuando la escuela era aún un lugar en el que se podía –se dejaba- transmitir conocimientos. Del ahora mejor me callo, pero eso es lo que quiere el personal. El capitalismo salvaje, quizá el neoliberalismo, ha cambiado la cultura por la kultura y así les irá, ponme los peones que yo los haré esclavos. Y es una pena que los peones no vislumbren a dónde los llevan. Bueno, les irá como sea pero ellos no sabrán la diferencia. Así que, Domingo, lo primero que ideó fueron los ciclos de temas lorquinos para escolares, algo que dentro de poco es fácil que se imponga porque con tanto mestizaje (¿adulterado?) las raíces y la historia se habrán borrado y olvidado. Pero si así sucede es porque quizá ambas no les sirvan para nada.
Además de lorquino es azul y de ahí su interés por los movimientos cofradiles de raíz popular de Lorca. Cofradías y hermandades pasionarias en Lorca es un libro modélico. Lo único que ha hecho Domingo, casi nada, ha sido documentar, datar e historiar un movimiento importante de índole religioso, con origen medieval, para que se entienda un modo de pensar, una mentalidad, que se refleja hasta hoy.
Y ya dentro del terreno tortuoso de la rivalidad del color, aunque en esencia es un modo de concebir, un modo de entender una realidad, su análisis de blancos y azules es muy interesante, clarificador y definitorio, pero, unos no hacen mucho caso y les pesará y otro se irritan porque lo dicho viene de un azul. Como ha sucedido últimamente.
Pero, no se olvide, que enfado o incomprensión por junto o separado, lo que hace Domingo Munuera es documentar, ver legajos, leer, comentar, interpretar, definir y exponer, sin mentir, todo un método. Así que, si se dice algo en un libro de historia, y más de este tema, porque hay que cogérsela con papel de fumar, la pluma digo, es porque está en un texto de hace un par de cientos de años, o aún más. Por lo tanto, no lo dice en descrédito de nadie. Pero en esto pasa como en todo, si viene alguien de fuera y nos lo dice, pues qué bien, pero desde dentro no se tolera, porque está uno instalado en una tradición que si siquiera conoce y no es científica pero es la suya y ese es el último argumento, vaya por Dios.
En su interés por la etnología, fijó el Vía Crucis tradicional lorquino, el que se reza o canta aún en la Cuaresma, subida al Calvario incluida. Es que el Paso Morado también es del Carmen y uno aunque no practique mucho por razones obvias sí es amigo de conservar la manifestación popular.
No concluye aquí su manifestación escrita. Es buen conocedor de las historias o escritos que sobre la ciudad hicieron nuestros antepasados Cáceres Pla, el presbítero Campoy, Escobar Barberán, Cánovas Cobeño, Espín Rael, y escribió un libro distraído pero interesante porque por él andan revueltas las cosas de cada día y respuestas a preguntas que antes se hacían y ahora ni se piensan. Por eso, libro como el que muestro a continuación será buscado en un futuro muy cercano.
Sepa Domingo Munuera que debe seguir escribiendo cosas de su pueblo, de su vida, cosas que sus amigos vamos a leer con interés, con el mismo interés con que nos preguntamos por la salud o estamos con inquietud porque somos unos pocos que pertecemos a una especie en extinción y tampoco se respeta mucho lo que se hace por el otro. ¿Por qué? Porque es el otro y quién como Dios, que dijo el ángel.
Pero la descalificación es algo impuesto como norma en todos los medios y con ello hay que convivir sin que afecte excesivamente. Espero que antes de retirarnos definitivamente a nuestros cuarteles de invierno, es decir, a nuestra reserva espiritual, pueda leer alguna otra cosa de las que llevas entremanos. No sería despreciable una reflexión sobre lo que somos como lorquinos y lo que nos espera. Así el retiro sería más confortable. Lo más interesante del Diario de Musso con relación a Lorca, son las anotaciones que aparecen con el título de Carácter de los lorquinos. A como fueran, se añadía, quizá porque él se fijaba en eso, la tristeza que vivía aún el pueblo ocho años después de los sucesos del motín de Eraso. Pero esta Lorca de ahora no es así, en estos momentos la cosa se vive de otra manera y es que eso de ser aldea global, además de dejar de saber qué es Lorca, la convierte en un lugar sin personalidad, porque lo que sucede aquí se repite en todos los lados y lo de todos los lados también existe aquí y el hecho diferencial, al que se dice atender, como no existe, no se cuida, al final todos iguales, pero por abajo. De eso sabe D. M. y por eso le urjo a que informe a las generaciones futuras de cómo éramos, de cómo fuimos, a los que se creen que fuimos unos jilipollas porque vivimos cultivando unos valores que los de ahora ha pervertido, posiblemente porque mantener unos valores exige un esfuerzo y a los de ahora que se lo den todo hecho. Cuando uno vive la edad que tenemos, Domingo, puede pensar en una noche de insomnio, porque ya nos nos soporta ni la que nos tocó en suerte o nos la cambió, que no somos “na”, que no valemos para nada. Pero yo te juro que me gustaría que mis zarangollos murcianos (mis nietos de Murcia) conservasen algo de mi espíritu, de mi capacidad de trabajo, de mi capacidad de sacrificio, de mi desinterés, de mi decir las cosas claras oportune et importune, como reclamaba Saulo después de caerse del burro.

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 23


23. El síndrome metabólico
Ya tengo la certeza de lo que le pasa a mi sexagenario cuerpo. Como vivo en un país desarrollado, ya he conseguido malos hábitos nutricionales y el sedentarismo propio de mi tiempo, es decir, de mi trabajo de jubilata. Tengo, además, todos los síntomas, con lo que deduzco que mi estado es crítico. Pero, si estoy contento con todo lo que tengo, más lo estoy con lo que no poseo. Soy propietario de obesidad abdominal, 110 contra 102 que es la talla normal. Eso se soluciona con una dieta rigurosa de una temporada. Lo peor, es mantenerse dentro del régimen o, por mejor decir, de las medidas políticamente correctas. Tensión arterial alta. Triglicéridos altos. Es así que poseo al menos tres de los criterios diagnósticos, luego tengo el síndrome metabólico. Este síntoma causa el 60% de las muertes en los países desarrollados. Así que me siento feliz y contento de pertenecer a un país desarrollado, aunque me cueste la vida, porque soy un ejemplo, ahora mismo vivo, de los esfuerzos de los políticos por hacerme pertenecer a un país desarrollado, desde la leche y el queso americanos hasta eso último que anuncia la tele que baja hasta la tensión con uno al día. Pero no, bajar la T/A de 23 de máxima y 13 de mínima a los 13,7 de máxima y 7,8 de mínima que tengo ahora mismo, al sentarme a escribir este síndrome, perdón, esta lechuga, cuesta algo más: tres meses encerrado, alejado de mis afortunados amigos que viven en este paraíso con una alta tasa de desarrollo y aún, por pobres, no tienen el síndrome metabólico, y comer sólo hierbas: lechuga, col, escarola y otras especies, por un ejemplo. Es decir hay que cambiar de costumbres y eso no es tan fácil como hacerlo de ropa interior. No porque ya sea doloroso en sí abandonar cuanto te ha acompañado un montón de años, sino porque, para ello, debes ejercer de ermitaño y estar solo, porque el estado del bienestar te lleva al síndrome metabólico. Si gana el Madrid y lo celebras mientras marcan los goles con algún que otro cubata, ya sabes, al día siguiente estás ingresado en el síndrome metabólico porque te han subido la tensión, los triglicéridos y posiblemente la glucosa y el colesterol, además de encontrarte hecho unos zorros. Pero me puedo dar con una piedra en los dientes porque el síndrome metabólico, en Europa, no es una enfermedad, sí en los EEUU del Bush. Por lo tanto no estoy enfermo porque no hay enfermedad. ¿Lo del síntoma? Te lo explico: como ingerimos más calorías que quemamos, no hay equilibrio en la salud. Consecuencias a largo plazo o antes si la cosa llega a la exageración de pesar bastante más de cien kilos: el infarto, la diabetes, el cáncer de colon y el ictus cerebral. Si te lo explican así, te irritas. Porque si la muerte fuese segura y rápida, pues podrías decir, pues bueno, pues ya está. Pero, lo peor, es la escasa calidad de vida que se disfruta, lo mal que se siente uno, y otras consideraciones de lo más atrayentes. Dos pensamientos me han convencido para convertirme en un eremita: lo que me voy perder de la vida o lo que voy a pasar si me convierto en un inútil. Explico. Lo primero radica en lo que no voy a gozar si fallezco pronto, pero eso contradice lo que me enseñaron de pequeño: uno se muere cuando Dios quiere o le llega la hora; pero le llega la hora porque Dios lo determina, luego siempre cuando Dios quiere, es decir, cuando te llega la hora. Por lo tanto ese argumento no sirve de mucho. El otro sí: imagínate dependiendo de la insulina y expuesto a los problemas que trae consigo, como la ceguera. Pero, sobre todo, incluso sobre la dependencia de los demás que se tiene después de un derrame cerebral, por ejemplo, lo que más me jodería de llegar a ser una víctima del síndrome metabólico es el follón que le voy a liar a los demás pues van a tener que cuidar de un servidor de usted. Pero como el vivir en un país tan desarrollado como este, con un crecimiento tan exagerado que parece ahora mismo a punto de resquebrajarse y escindirse, es que, como todo dios trabaja, nadie puede cuidar a/de los mayores. Cuidar a/de los mayores es una obra de misericordia, al menos lo era antes de la ESO. Así que eso parece bien visto. Pero cuidar a uno que se ve como se ve por su mala vida, tan mala que ha conseguido el síndrome metabólico, no parece correcto. Es decir, que se pague su enfermedad buscada como hacen los que fuman y los que ingieren alcohol. Porque ya están pagando con sus impuestos lo que se gasten después en ellos. Porque este estado previsor y paternal que tenemos, si suben los impuestos, es por el bien de los ciudadanos; si castigan aún más el tabaco y el alcohol es porque así, el que beba y/o fume, ya se ha pagado su propia enfermedad y puede llegar a la muerte tranquilo, además de tapar algún que otro agujero autonómico sanitario. Pero, ¿qué pasaría si de golpe todo el mundo dejara de beber y/o de fumar? ¿Estaríamos por ello más sanos? ¿Pagaríamos mejor sanidad? ¿Cómo se pagaría el paro de las personas que trabajaban en esas industrias del mal? No he hablado aún del sedentarismo. Como eso viene bien a los fabricantes de sofás, camas y demás, no quiero predicar sus excelencias no sea que piensen lo que no es. Yo soy sedentario porque me paso muchas horas delante del ordenador trabajando en la re literaria. Pero eso es malo. Es bueno el resultado, malo el medio. Pero, si no hago esto, ¿cómo voy a envejecer, cómo voy a gastarme para morir? Pero, a pesar de mis deseos, cuando haya logrado salirme del síndrome metabólico, ya nada será igual. Deberé estar siempre pendiente de un control racional de los alimentos que ingiera (como si hubiese comido caviar todos los días), de un incremento regulado de la actividad física (a pesar de los inconvenientes viarios de este nuestro pueblo de cumbre alterada) y del abandono de las sustancias tóxicas que han envenenado mi vida y que son mi vida y mi muerte, te lo juro compañero, el alcohol y el tabaco, no tendría que quererte y sin embargo te quiero. ¡Qué mala suerte! No sé cómo va a ser mi vida en adelante. Pero, la verdad, me encuentro mejor fuera del síndrome metabólico. Al menos me puedo poner ahora los trajes que hace unos años hube de desechar porque ya no me venían. No hay mal que por bien no venga ni que cien años dure, o, si no, al tiempo.

domingo, febrero 19, 2006

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 22


22. Patética alta política y qué bien que lo pasemos
Nada más lejos de mí que la política o, mejor dicho, que la interpretación que de la política hacen algunos políticos de altura, dentro de su lógica formación partidista y preparación ideológica y técnica, puesto que los de otra escala, al parecer, no necesitan tanto: a unos y otros se les exige fidelidad al que lo ha nombrado o puesto en el sitio oportuno en el momento oportuno, en realidad cada uno depende de su jefe, o séase, del control, aunque no sepamos quién controla el control. Los votas, con uve, se instalan en el poder y, en lugar de hacer política de estado, hacen política dicen que de partido, por aquello de que es su programa de elecciones, lo han de cumplir y, por más que lo hagan mal, no los puedes botar con be. Además, se resisten a irse. Vean, si no, lo que sucede con Schröder. Y lo mismo pasará con la Angela Merkel, ganadas unas elecciones sin el poder que, por cierto, transforma: mírese, por favor, el rostro de Miterrand y se verá un cambio con el que tenía antes de la crisis, sube sube que te pilla la nube. No sé si en el programa del Bush hijo (baja baja que te pilla la graja) estaba el abandono de los negros afro de la mestiza Nueva Orleans, pero, si William Faulkner viviera, su pluma lloraría sangre negra y los lamentos de la trompeta de Louis Armstrong serían no sólo trágicos sino dignos del requiem más triste jamás musicado, más que el de Beethoven. Esta ciudad, bueno, en verdad la parte negra, ha muerto joven: 1712-2005. Doscientos noventa y tres años es muy poco para que una ciudad muera, pero, como decían los griegos, sólo mueren jóvenes los amados por los dioses, aunque en este caso ha fallecido por dejadez política: ha sido un trágico gol de verbena por un exceso de vista nada deportivo. Pues bien, y siguiendo con el hilo de lo nuestro, en el ejercicio de la política (lo que interesa es el partido, del votante se olvidan hasta las próximas elecciones), ves cómo se aprueban cosas, es decir, más urbanizaciones que leyes, o excisiones sangrientas, no por mayoría, sino por coaliciones, por lo que los ganadores están cogidos por las bolas por la coalición, o séase, ERC al PSC, o mejor expresado, Carold Rovira, heterónimo sin lustre, se los tiene cogidos a Joan Maragall, nieto de un poeta nacionalista tardo-romántico y de raza le viene al galgo. Estos políticos, ilusionados todos por lo llamativo del estallido nacionalista y separatista, cercano al extremismo integrista por un lado o al neonacionalismo pequeño y localista por otro, hacen cosas que a parte de su electorado no placen. Así que, reivindica que algo queda. Cataluña reivindica su identidad de España y los del valle de Arán de Cataluña. Algún día de estos algún barrio que otro reivindicará su pedigrí. Pero, esos políticos lo hacen porque tienen el voto, no para cumplir con lo que el votante desea, pues para eso lo votó, sino para realizar designios que quizá sólo están en la letra pequeña del programa del partido, o vaya usted a saber. Esos políticos, aunque digan lo que sea de cara al pueblo, son unos neo-déspotas-ilustrados que gobiernan, dicen, para el pueblo, pero sin él, quizá con o sin el partido, pero eso ni nos interesa, quizá sólo contando con la ejecutiva y eso es de régimen interno, cambiando las cosas a golpe de ladrillo, después me voy y aquí os dejo el paquete y eso sí es de nuestra incumbencia. Pasa lo que en los clubes de fútbol: se lo entregan a un entrenador para que haga eficaz el cuadrado mágico, lástima que no sea el de Plaitex, aquel ficha lo que quiere, no obtiene resultados, lo echan, se va y deja el paquete, es decir, al club hipotecado hasta caer en la tiranía o dictadura del próximo entrenador, por más que haya pertenecido al club todo su vida y lleve sus colores en el corazón. Y la afición queda abochornada. Tal Gaspar, cual Florentino. Así que todo ha cambiado tanto que es difícil reconocer una actuación pública coherente, desinteresada y eficaz en cualquier lugar del mundo mundial, incluida la ONU de Kofi Annan. Los gestos populistas no valen, para eso está Hugo Chávez, el nuevo predicador venezolano de una secta que dejará al país más seco que las ubres de una vaca recién ordeñada y que tardará cientos de años en marcharse y dejar libre al pueblo, tantos como el camarada y compañero Fidel, el tío del puro, que, en un arranque moralizador, ni deja que haga escala en la vieja, demacrada y hambrienta Habana el turismo rico que sólo busca la piedra angular del arco del triunfo, la entrepierna, que no es mal sitio, qué buen moralizador el Fidel, pobre Cuba sin rostro, en la que sólo se puede ser amante difunto. Pero todo está acorde. ¿Cómo van a saber elegir las masas formadas ad hoc, es decir, los neoanalfabetos que sólo han sido preparadas para el consumo por la cultura de masas, que progresan inadecuadamente y acrecientan el fracaso escolar? Eso no conviene a un país. Podrá convenir a las multinacionales y a los que pescan en ríos revueltos. ¿Qué beneficios traerá al consumidor la OPA de Gas Natural contra ENDESA? Estamos hablando de muchos miles de millones de euros, pero, detrás de ello puede haber otras historias en las que andan las entidades de ahorro por en medio, sin señalar, noi. Y posiblemente por detrás también haya una intención política. Pero esto no lo ve un españolito de a pie ni hace falta que se lo cuentes porque él le da igual. Y quizá lleven razón. De todos modos van a hacer lo que quieran los que lo decidan porque muchas veces el poder es un juguete en manos de otros intereses estratégicos del dinero, esté donde esté y sea de quien sea. Los ricos, que ya son bastante ricos, serán más ricos, al precio que sea, precio que pagará el consumidor, y los pobres ya no podrán ser más pobres, aunque les quedan dos alternativas, ser pobres de solemnidad o ser pobres vergonzantes. Porque ya no se puede ser pobres de la marquesa ni pobres de los viernes, como los que conocí en mi infancia. La gente, con pagar los recibos de la contribución, de la luz, del agua y similares cumple, qué más da si la calidad de la enseñanza, de la sanidad y de la vida en general no sea la óptima. Lo arreglará el partido a quien le dio el voto. Me recuerda esto al tío aquel que, tras una noche de alcohol, sexo y alguna que otra raya, cuando recobró el aliento hecho un hecce homo, demacrado, con dolores hasta en el hígado, dijo entusiasmado: ¡qué bien lo pasemos! Pero yo me quedo con lo que el payés decía, aunque en catalán: nos han jodido (futut?) y no nos han pagado (pagat?). ¿Verdad que es bonito? Nota: cuando el catalán sea lengua oficial, lo estudiaré, si vivo.

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 21


21. Zumo de pomelo
Entre otras cosas he gozado este verano del sabor, olor y color del zumo de pomelo. Me concedieron un permiso de vacaciones los médicos que me atienden con desigual fortuna para mí, dado que unas veces me recibe un austero y otras un ermitaño, con lo que he ganado, aunque me resisto, en austeridad. No me ha importado recluirme todo el agosto, mes podrido del año como lo llamó Odiseas Elytis, y he perdido cinco kilos que apenas se me notan: ni su pérdida, ni los kilos en sí. He probado la medicina alternativa y puedo jurar que es tan cara o más que la otra, quizá porque no hay quien la subvencione. Pero es un negociazo. El noni, por ejemplo, está casi igual de precio que la hueva de mujol; eso sí, es bueno para todo, o sea, que, al menos, no hace daño. Lo extra de los comercios que venden estos rollos es que son terapéuticos: uno cuenta su dolencia, otro cuenta su remedio. Salió, pues, la palabra pomelo, a la que yo nunca había hecho caso, por aquello de las ensalzadas naranjas nacionales, aunque la orange cae por otros lugares europedos, pero el zumo de pomelo es como el beso de unos labios, jugo gozoso en la boca. Su color es más bonito que el de la naranja, su olor más sugerente y su sabor delicioso, por usar una palabra común, entendible por todos. Bebo el zumo de pomelo con los ojos cerrados, como hacía antes con el vino, encontrando sensaciones entre los sabios rincones de mis sueños de la mañana de recién levantado. La playa sigue gozando para mí de la misma repulsa de hace unos años, los mismos que hace que no la frecuento, pero ahora más consumida y consumada porque son más los que la disfrutan a su manera en menos tiempo, ahora pocos aguantan el mes completo. Así que empecé a bajar temprano para andar descalzo y endurecer mis pies blandeados y quemados por más de un año de asfalto. Pero, la playa, a finales de agosto, es como un bosque de setas, hongos y champiñones, pues eso parecen las sombrillas que ponen a la orilla de la playa y en donde pillan, que es igual, o sea, donde les da la gana, con lo que privatizan un bien común: las llevan hasta la orilla del agua y nunca sabes dónde están los nietos, perdidos en ese bosque de piernas y setas, hongos y champiñones de los que hablamos. Antes las bajaban los abuelos. Ahora los jubilatas. Y, como cada vez nos jubilamos antes, muchos llevan las setas, perdón, sombrillas, algunos de ellos en becigleta. Así que, a las nueve de la mañana aquello es un bosque de lo que ya he dicho sin ningún bañista. Por ello, salvando la dificultad que te plantea el bosque, el objetivo es sortear los árboles, no puedes ni andar por la arena, la escasa que queda. Pero como esta festiva estampa la hemos visto por la teuve (TV) del adocenamiento, nada más voy a decir de esta pueblerina costumbre, la practique quien la practique, que a eso lleva la masificación, a parecer y ser desagradable (para mí) lo que antes era tipismo. Claro que por la cosa esa de los rayos de no sé qué hay que tomar el sol con un colador y ponerse debajo de una seta en lugar de proteger el espacio natural que significa el ozono que cuatro inútiles se van a cargar porque es más cómodo no obligar a los contaminantes a adoptar medidas de protección y joder al prójimo como a mí mismo. Hoy, pues, me ha salido ecológica esta lechuga. Espero, por el bien de todos, que no me salga la vena de la quemadura solar y no diga nada más de lo que me parece esta playa de toda mi vida que ya no tiene ni arena ni nadie cuida a no ser cuando llega el verano, ya no hay turistas, qué criterios aplicarán para conceder la bandera azul con tanta mierda como corre por aquí y tanto descuido. Si ahora se recogieran colillas, la tonta del bote, de venir a esta playa, se pondría las botas y lo llenaría en un pis pas, claro que de boquillas blancas y doradas que no sirven para nada, pues las colillas de ahora no son las de antes, que hasta tenían tabaco. De todo lo que me he quitado últimamente, noto la falta del genuino sabor americano porque es la retórica de la conversación, no es que ansíe esperar fumando a mi amante solícito y galante sino que el humo llena muy bien los espacios muertos de un diálogo aunque sea humanístico: sé lo a gusto que está uno sin once kilos de nicotica de más por las mañanitas de San Juan o de quien sea. Empecé a respirar más a gusto a finales de agosto. Ahora estoy mejor que antes. No se puede andar por ahí con tanta tensión, cosa más pesada que una cruz a cuestas, veintidós y medio son muchos kilos de presión. Por otro lado, he desconectado de muchas cosas que ahora no tengo interés en recuperar y que, en verdad, me estorbaban, tan es así que no las reiniciaré. Por ejemplo, yo era un celtibérico, ahora hispano por si los celtas se escapan del paquete, preocupado por si las nalgas y el tetamen de la Obregón estaban aún en su lugar descanso, y, mire usted por donde, este verano, quizá a consecuencia de la cura a que me han sometido, este verano, digo, nada de nada cuando la he visto con un bikini que le sobra en un telediario ordinario que sólo te habla de tifones, incendios y rememoraciones anuales de tragedias, como si aquí no hubiese poblemas de los que es urgente una información veraz, la del agua, por ejemplo. No tengo claro todavía lo que EEUU ha pedido a España; no sé si ha sido organización porque aquí, ante una catástrofe natural como esa, parece ser que alguien lo ha dicho, hubiéramos actuado mejor, amén. Callados, a veces estamos más bonicos. No son las ideas, son los hombres que las expresan. Y a lo que iba, ¿cuándo dejará ese sex-simbol carpetovetónico de aparecer hasta en la sopa? Lo que sucede, me dice alguien, es que te estás haciendo viejo. Y, resignado, pienso que, a lo mejor, ahora me gustan las cosas bien hechas y antes todo bocado era bueno para llevárselo a la boca. Así qué, Ana, sal mientras puedas y te dejen, que me sigues pareciendo mona y no te llevas sombrilla a la playa porque ya las hay en ella. Al menos no eres tan de plástico ni tan ñoña como quien yo me sé, y ahora está en candelero. Veremos si se mantiene tantos años como tú.