La hoja de la lechuga

Artículos aparecidos en ARCO MEDITERRÁNEO.

domingo, febrero 19, 2006

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 22


22. Patética alta política y qué bien que lo pasemos
Nada más lejos de mí que la política o, mejor dicho, que la interpretación que de la política hacen algunos políticos de altura, dentro de su lógica formación partidista y preparación ideológica y técnica, puesto que los de otra escala, al parecer, no necesitan tanto: a unos y otros se les exige fidelidad al que lo ha nombrado o puesto en el sitio oportuno en el momento oportuno, en realidad cada uno depende de su jefe, o séase, del control, aunque no sepamos quién controla el control. Los votas, con uve, se instalan en el poder y, en lugar de hacer política de estado, hacen política dicen que de partido, por aquello de que es su programa de elecciones, lo han de cumplir y, por más que lo hagan mal, no los puedes botar con be. Además, se resisten a irse. Vean, si no, lo que sucede con Schröder. Y lo mismo pasará con la Angela Merkel, ganadas unas elecciones sin el poder que, por cierto, transforma: mírese, por favor, el rostro de Miterrand y se verá un cambio con el que tenía antes de la crisis, sube sube que te pilla la nube. No sé si en el programa del Bush hijo (baja baja que te pilla la graja) estaba el abandono de los negros afro de la mestiza Nueva Orleans, pero, si William Faulkner viviera, su pluma lloraría sangre negra y los lamentos de la trompeta de Louis Armstrong serían no sólo trágicos sino dignos del requiem más triste jamás musicado, más que el de Beethoven. Esta ciudad, bueno, en verdad la parte negra, ha muerto joven: 1712-2005. Doscientos noventa y tres años es muy poco para que una ciudad muera, pero, como decían los griegos, sólo mueren jóvenes los amados por los dioses, aunque en este caso ha fallecido por dejadez política: ha sido un trágico gol de verbena por un exceso de vista nada deportivo. Pues bien, y siguiendo con el hilo de lo nuestro, en el ejercicio de la política (lo que interesa es el partido, del votante se olvidan hasta las próximas elecciones), ves cómo se aprueban cosas, es decir, más urbanizaciones que leyes, o excisiones sangrientas, no por mayoría, sino por coaliciones, por lo que los ganadores están cogidos por las bolas por la coalición, o séase, ERC al PSC, o mejor expresado, Carold Rovira, heterónimo sin lustre, se los tiene cogidos a Joan Maragall, nieto de un poeta nacionalista tardo-romántico y de raza le viene al galgo. Estos políticos, ilusionados todos por lo llamativo del estallido nacionalista y separatista, cercano al extremismo integrista por un lado o al neonacionalismo pequeño y localista por otro, hacen cosas que a parte de su electorado no placen. Así que, reivindica que algo queda. Cataluña reivindica su identidad de España y los del valle de Arán de Cataluña. Algún día de estos algún barrio que otro reivindicará su pedigrí. Pero, esos políticos lo hacen porque tienen el voto, no para cumplir con lo que el votante desea, pues para eso lo votó, sino para realizar designios que quizá sólo están en la letra pequeña del programa del partido, o vaya usted a saber. Esos políticos, aunque digan lo que sea de cara al pueblo, son unos neo-déspotas-ilustrados que gobiernan, dicen, para el pueblo, pero sin él, quizá con o sin el partido, pero eso ni nos interesa, quizá sólo contando con la ejecutiva y eso es de régimen interno, cambiando las cosas a golpe de ladrillo, después me voy y aquí os dejo el paquete y eso sí es de nuestra incumbencia. Pasa lo que en los clubes de fútbol: se lo entregan a un entrenador para que haga eficaz el cuadrado mágico, lástima que no sea el de Plaitex, aquel ficha lo que quiere, no obtiene resultados, lo echan, se va y deja el paquete, es decir, al club hipotecado hasta caer en la tiranía o dictadura del próximo entrenador, por más que haya pertenecido al club todo su vida y lleve sus colores en el corazón. Y la afición queda abochornada. Tal Gaspar, cual Florentino. Así que todo ha cambiado tanto que es difícil reconocer una actuación pública coherente, desinteresada y eficaz en cualquier lugar del mundo mundial, incluida la ONU de Kofi Annan. Los gestos populistas no valen, para eso está Hugo Chávez, el nuevo predicador venezolano de una secta que dejará al país más seco que las ubres de una vaca recién ordeñada y que tardará cientos de años en marcharse y dejar libre al pueblo, tantos como el camarada y compañero Fidel, el tío del puro, que, en un arranque moralizador, ni deja que haga escala en la vieja, demacrada y hambrienta Habana el turismo rico que sólo busca la piedra angular del arco del triunfo, la entrepierna, que no es mal sitio, qué buen moralizador el Fidel, pobre Cuba sin rostro, en la que sólo se puede ser amante difunto. Pero todo está acorde. ¿Cómo van a saber elegir las masas formadas ad hoc, es decir, los neoanalfabetos que sólo han sido preparadas para el consumo por la cultura de masas, que progresan inadecuadamente y acrecientan el fracaso escolar? Eso no conviene a un país. Podrá convenir a las multinacionales y a los que pescan en ríos revueltos. ¿Qué beneficios traerá al consumidor la OPA de Gas Natural contra ENDESA? Estamos hablando de muchos miles de millones de euros, pero, detrás de ello puede haber otras historias en las que andan las entidades de ahorro por en medio, sin señalar, noi. Y posiblemente por detrás también haya una intención política. Pero esto no lo ve un españolito de a pie ni hace falta que se lo cuentes porque él le da igual. Y quizá lleven razón. De todos modos van a hacer lo que quieran los que lo decidan porque muchas veces el poder es un juguete en manos de otros intereses estratégicos del dinero, esté donde esté y sea de quien sea. Los ricos, que ya son bastante ricos, serán más ricos, al precio que sea, precio que pagará el consumidor, y los pobres ya no podrán ser más pobres, aunque les quedan dos alternativas, ser pobres de solemnidad o ser pobres vergonzantes. Porque ya no se puede ser pobres de la marquesa ni pobres de los viernes, como los que conocí en mi infancia. La gente, con pagar los recibos de la contribución, de la luz, del agua y similares cumple, qué más da si la calidad de la enseñanza, de la sanidad y de la vida en general no sea la óptima. Lo arreglará el partido a quien le dio el voto. Me recuerda esto al tío aquel que, tras una noche de alcohol, sexo y alguna que otra raya, cuando recobró el aliento hecho un hecce homo, demacrado, con dolores hasta en el hígado, dijo entusiasmado: ¡qué bien lo pasemos! Pero yo me quedo con lo que el payés decía, aunque en catalán: nos han jodido (futut?) y no nos han pagado (pagat?). ¿Verdad que es bonito? Nota: cuando el catalán sea lengua oficial, lo estudiaré, si vivo.

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 21


21. Zumo de pomelo
Entre otras cosas he gozado este verano del sabor, olor y color del zumo de pomelo. Me concedieron un permiso de vacaciones los médicos que me atienden con desigual fortuna para mí, dado que unas veces me recibe un austero y otras un ermitaño, con lo que he ganado, aunque me resisto, en austeridad. No me ha importado recluirme todo el agosto, mes podrido del año como lo llamó Odiseas Elytis, y he perdido cinco kilos que apenas se me notan: ni su pérdida, ni los kilos en sí. He probado la medicina alternativa y puedo jurar que es tan cara o más que la otra, quizá porque no hay quien la subvencione. Pero es un negociazo. El noni, por ejemplo, está casi igual de precio que la hueva de mujol; eso sí, es bueno para todo, o sea, que, al menos, no hace daño. Lo extra de los comercios que venden estos rollos es que son terapéuticos: uno cuenta su dolencia, otro cuenta su remedio. Salió, pues, la palabra pomelo, a la que yo nunca había hecho caso, por aquello de las ensalzadas naranjas nacionales, aunque la orange cae por otros lugares europedos, pero el zumo de pomelo es como el beso de unos labios, jugo gozoso en la boca. Su color es más bonito que el de la naranja, su olor más sugerente y su sabor delicioso, por usar una palabra común, entendible por todos. Bebo el zumo de pomelo con los ojos cerrados, como hacía antes con el vino, encontrando sensaciones entre los sabios rincones de mis sueños de la mañana de recién levantado. La playa sigue gozando para mí de la misma repulsa de hace unos años, los mismos que hace que no la frecuento, pero ahora más consumida y consumada porque son más los que la disfrutan a su manera en menos tiempo, ahora pocos aguantan el mes completo. Así que empecé a bajar temprano para andar descalzo y endurecer mis pies blandeados y quemados por más de un año de asfalto. Pero, la playa, a finales de agosto, es como un bosque de setas, hongos y champiñones, pues eso parecen las sombrillas que ponen a la orilla de la playa y en donde pillan, que es igual, o sea, donde les da la gana, con lo que privatizan un bien común: las llevan hasta la orilla del agua y nunca sabes dónde están los nietos, perdidos en ese bosque de piernas y setas, hongos y champiñones de los que hablamos. Antes las bajaban los abuelos. Ahora los jubilatas. Y, como cada vez nos jubilamos antes, muchos llevan las setas, perdón, sombrillas, algunos de ellos en becigleta. Así que, a las nueve de la mañana aquello es un bosque de lo que ya he dicho sin ningún bañista. Por ello, salvando la dificultad que te plantea el bosque, el objetivo es sortear los árboles, no puedes ni andar por la arena, la escasa que queda. Pero como esta festiva estampa la hemos visto por la teuve (TV) del adocenamiento, nada más voy a decir de esta pueblerina costumbre, la practique quien la practique, que a eso lleva la masificación, a parecer y ser desagradable (para mí) lo que antes era tipismo. Claro que por la cosa esa de los rayos de no sé qué hay que tomar el sol con un colador y ponerse debajo de una seta en lugar de proteger el espacio natural que significa el ozono que cuatro inútiles se van a cargar porque es más cómodo no obligar a los contaminantes a adoptar medidas de protección y joder al prójimo como a mí mismo. Hoy, pues, me ha salido ecológica esta lechuga. Espero, por el bien de todos, que no me salga la vena de la quemadura solar y no diga nada más de lo que me parece esta playa de toda mi vida que ya no tiene ni arena ni nadie cuida a no ser cuando llega el verano, ya no hay turistas, qué criterios aplicarán para conceder la bandera azul con tanta mierda como corre por aquí y tanto descuido. Si ahora se recogieran colillas, la tonta del bote, de venir a esta playa, se pondría las botas y lo llenaría en un pis pas, claro que de boquillas blancas y doradas que no sirven para nada, pues las colillas de ahora no son las de antes, que hasta tenían tabaco. De todo lo que me he quitado últimamente, noto la falta del genuino sabor americano porque es la retórica de la conversación, no es que ansíe esperar fumando a mi amante solícito y galante sino que el humo llena muy bien los espacios muertos de un diálogo aunque sea humanístico: sé lo a gusto que está uno sin once kilos de nicotica de más por las mañanitas de San Juan o de quien sea. Empecé a respirar más a gusto a finales de agosto. Ahora estoy mejor que antes. No se puede andar por ahí con tanta tensión, cosa más pesada que una cruz a cuestas, veintidós y medio son muchos kilos de presión. Por otro lado, he desconectado de muchas cosas que ahora no tengo interés en recuperar y que, en verdad, me estorbaban, tan es así que no las reiniciaré. Por ejemplo, yo era un celtibérico, ahora hispano por si los celtas se escapan del paquete, preocupado por si las nalgas y el tetamen de la Obregón estaban aún en su lugar descanso, y, mire usted por donde, este verano, quizá a consecuencia de la cura a que me han sometido, este verano, digo, nada de nada cuando la he visto con un bikini que le sobra en un telediario ordinario que sólo te habla de tifones, incendios y rememoraciones anuales de tragedias, como si aquí no hubiese poblemas de los que es urgente una información veraz, la del agua, por ejemplo. No tengo claro todavía lo que EEUU ha pedido a España; no sé si ha sido organización porque aquí, ante una catástrofe natural como esa, parece ser que alguien lo ha dicho, hubiéramos actuado mejor, amén. Callados, a veces estamos más bonicos. No son las ideas, son los hombres que las expresan. Y a lo que iba, ¿cuándo dejará ese sex-simbol carpetovetónico de aparecer hasta en la sopa? Lo que sucede, me dice alguien, es que te estás haciendo viejo. Y, resignado, pienso que, a lo mejor, ahora me gustan las cosas bien hechas y antes todo bocado era bueno para llevárselo a la boca. Así qué, Ana, sal mientras puedas y te dejen, que me sigues pareciendo mona y no te llevas sombrilla a la playa porque ya las hay en ella. Al menos no eres tan de plástico ni tan ñoña como quien yo me sé, y ahora está en candelero. Veremos si se mantiene tantos años como tú.

miércoles, febrero 15, 2006

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 20


20. Cultura, contrakultura y lo de ahora (mass media) o el kulto de lo inkulto. Todo esto en el mes de junio o para muestra basta un botón.
He tenido, durante el mes de junio pasado, la manía de entrar en Internet de cuando en cuando, por las razones que a continuación expongo, casi siempre porque voy buscando información sobre personajes o libros necesarios para mi puesta en marcha del Diario de Musso, del que ya llevo concluido el primer tomo, más de 350 páginas, con notas a su pie. Lo demás obedece al criterio de diversión. Lo primero que busco es la alienación de la alineación, es decir, el deporte, bueno, el fútbol, porque de eso se puede discutir; de la política vasco-catalana-galega, sólo decir quo vadimus, Domine?; de gays y lesbianas, con mi respeto, Criste, audi nos (audi no es la marca de un coche), mejor callar, pues si eres amigo de unos, te conviertes en enemigo de otros; de la torre del castillo, popule meus, quid fecit tibi?, idem de idem; del precio de las cosas, libera nos Domine; no dejéis, gestores de la humanidad, que suba tanto la cosa porque, de este modo, los pobres serán siempre más pobres y los ricos mucho más ricos. Los ricos crecen más en riqueza que los pobres en pobreza porque los pobres ya no pueden estar más abajo y a los ricos les quedan aún techo para escalar, como si fuera el Himalaya el techo del mundo de la riqueza, y que se jodan que siempre tendremos pobres entre nosotros y ellos no lo pueden olvidar, amén. Así que, rezada la letanía de cosas candentes de las que es mejor no opinar, porque no es el cometido de la lechuga, y por lo encontrado de las disensiones, nada mejor que solazarse con uno mismo y con el fútbol. Una vez alienado con los traspasos y los sueldos astronómicos de los jugadores; reconfortado porque ya sé que los del Chelsea montan unas timbas de cuidado en las concentraciones porque no tienen tiempo para gastarse lo que se han ganado tan trabajosamente, todos están “enmulagaos”, paso al apartado cultura y me encalomo los titulares. Entonces, maravillado por las noticias que hacen de mí una superpersona, es decir, un hombre cada día más instruido y de provecho, me he dedicado a copiar unas cuantas para que todos puedan participar de lo mismo que yo y se kulturice este pueblo que respira cultura por los cuatro puntos cardinales. 19 de junio de 2005: Numerosas bandas gays entre el público. Cientos de miles de madrileños bailan con Carlinhos Brown por el ‘respeto a la diferencia’. Anda, decidme, chicos, ¿cuándo trabaja la gente de Madrid, si siempre anda de manifestaciones? Este chico ya estuvo en Lorca. ¿Somos unos adelantados kulturales a las grandes capitales de la península ibérica? La Península Ibérica va a ser siempre igual de grande aunque con estados, países o naciones más pequeñas. Todo un ejemplo. Saramago, comunista él, amigo de Fidel, lo predijo en La balsa de piedra, pero era porque todos juntos íbamos a parar a América. Mejor ser más pequeños y que vengas los hispanoablantes a la Península, bueno, a la parte en la que los dejen. 20 de junio de 2005: Decenas de miles de espectadores llenaron el recinto barcelonés. CCD Soundsystem y De la Soul cierran con brillo el Sónar. Esto es un ejemplo de cultura de masas, un lugar en el que nunca me encontrará nadie. Lo siento, pero soy así de raro. Pero es que me da miedo perderme y no necesito tanta gente para sentirme seguro y firme. Cuanto menos bulto más claridad. 23 de junio de 2005: Lista del Fondo Mundial de Monumentos. El acueducto de Segovia es uno de los cien monumentos del mundo en peligro que figuran en la lista que cada dos años elabora el WFN (iniciales en inglés del Fondo ese). Pero es que, además, no hay presupuesto para su arreglo. Si se va el turismo que sólo viene a verlo, ¿qué harán los políticos de turno? Tal como anda hoy la cosa, inventarán un amplio teatro con cientos de miles de butacas en cuyo escenario habrá una pantalla gigante, tan gigante como para que coja entero el acueducto que se verá en un video, se verá como si estuviese pero ya no estará. En el lugar que ahora ocupa habrá viviendas que se habrán vendido a precio desorbitado, es decir a precio fuera del orbe romano. Creo que tendría éxito el invento y aumentarían las visitas porque se evitaría a la gente el paseo ahora que ya está acostumbrado el rebaño a las colas y a los grandes “eventos” multitudinarios. La palabra evento procede del latín eventum, supino del verbo de la 4ª conjugación latina evenio, is, ire, eveni, eventum, que significa venir, llegar, salir, suceder, ocurrir. Así que evento está mal utilizado, en el sentido (significado) en el que se le utiliza, porque en castellano ya tenemos las palabras encuentro y suceso. Vean ustedes a Lázaro Carreter, El dardo en la palabra. 24 de junio de 2005: Noche de San Juan. Incendio, sin víctimas, en el espectáculo de Els Comediants en el castillo de Lorca. El montaje, El saro del año, con el que el grupo Els Comediants celebraba en el vcastillo de Lorca la noche de San Juan, provocó esta madrugada un aparatoso incendio, sin daños personales en la fortaleza musulmana del edificio, a causa del cual fueron evacuadas las más de 2.000 personas que asistían al espectáculo. Así que me callo. 24 de junio de 2005: Bebe y Beck cabezas de cartel de MetroRock'05, que arranca hoy. La extremeña Bebe, el norteamericano Beck, los británicos Ocean Colour Scene y los gallegos de Siniestro Total encabezan la nueva edición de MetroRock, que se celebra hoy y mañana en el Parque Juan Carlos I de Madrid y que contará con dos escenarios y una zona de baile, con capacidad para 30.000 personas. Creo que estoy perdido entre esta fauna. O ellos o yo hemos perdido la noción de cultura; yo creo que hasta su definición. Y sueño con que esta ingente multitud kulturizada me persigue y me sacrifica a permenecer en mi gueto cultural para in saecula saeculorum. Pero, regresaré de ese Averno, ya lo veréis. Y que no, que no es uno sea un facha, sino que cada uno es como es y yo soy como soy, o si no pregunta a Diana Navarro.

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 19


19. Gramática Parda: citas (¿aforismos?) célebres (ja, ja, ja) de casi ahora mismo
Mientras ando por la vida, le voy dando vueltas a la cabeza, sin formarme un lío, para que después todo vuelva a su sitio. Pero, no sé por qué, quizá como filosofía de andar por casa, me acuden a la memoria refranes, sentencias de algún personaje importante, dichos populares, extractos de lecturas que conforman una visión de la existencia, experiencias de otros que sirven para vivir y que, reunidas, formarían una gramática parda (experiencia de la vida o la vida como maestra), es decir, una serie de preceptos para sobrevivir si se cumplen. Veamos si no. En lugar de decir a cada cual se le aplica el grado de cariño según el acercamiento o la lejanía en que se encuentra, la plebe y yo decimos: Al amigo, el culo;/al enemigo, por culo;/al indiferente, la legislación vigente. Esa es una posible norma a aplicar, una especie de ley de Talión en versión moderna. Al que te quiere, lo mejor de ti; al que te odie, pues qué os diré; al resto, ni fu ni fa. Esta teoría filosófica procede del pueblo, no del estudio; no digo de quien he aprendido el dicho para que no se me enfade, pero es de los buenos y además le debo por esto un cubata que le dejaré pagado en el Charmant, ¿oyes, Lalo? Ahora, procedamos a hacer una antología de frases, citas o aforismos que me han impactado por su categoría en su momento: Se señalan diferencias entre padres e hijos, en que la disciplina tiene mucho que ver. Se advierten aflicciones que afectan a las relaciones (Horóscopo: Piscis, 22 de febrero-20 de marzo, en El Mundo, miércoles 5 de diciembre de 2001). Yo adoraba a mi padre, sí: ¡Dios, cómo lo adoraba! Ahora le reprocho su falta de atención (Salvador García Jiménez: Sonajero de plata, 2000. Esta novela fue II Premio de Novela Corta Casino de Lorca. Comentario: cada uno es hijo de sus obras. Muchas veces, la propia incompetencia de uno culpabiliza a los demás. En el pecado se lleva la penitencia y, es muy posible, que, a quien así piensa, le paguen con la misma moneda, y así aprenderá con el dolor, no con la gramática parda, o le devuelva la vida, que no se queda con nada de nadie, su jugada, con el daño que conlleva, de otra manera. Aunque mejor no. De todos modos, no hay que obligar a que se quiera a quien no se quiere querer). Quiero compensar a toda la gente a la que he decepcionado (Malcolm Shabazz, nieto de Malcom X, después de pasar cuatro años en un correccional para menores y otros cuatro en la cárcel por pegarle fuego a su abuela. Su infancia no es apetecible para nadie. Parece ser que ahora quiere rehacer su vida. ¡Ojalá lo logre! El Mundo, 9 de junio de 2005). Yo no creo que ser cristiano sea sinónimo de participar en la vida de la Iglesia (María Norte, sevillana. Exprofesora de religión. Chica Playboy del mes de mayo. Y todo porque es más fácil pagar la hipoteca del piso como empleada de una discoteca cara que como profesora de religión. Lean, si no, El Mundo del 2 de junio de 2005. En la página final verán ustedes su sensual figura y postura. ¿Existe hoy criterio de la dignidad personal? ¿O es mucho pedir?). La desaparición de lenguas, culturas y especies es un proceso histórico inquietante y devastador (Claude Lévi-Strauss, antropólogo francés nacido en Bruselas en 1908, dijo ante Pascual Maragall, quien le entregó el XVII Premio Internacional de Cataluña el pasado día 13 de mayo en París, lo que sigue: “Yo he conocido una época en la que la identidad nacional era el único principio entre los Estados. Sabemos cuáles fueron sus resultados”. Fue una manera de rechazar el nacionalismo, pero para exponer su concepto personal de eurorregión destinado a “reforzar los Estados difuminando sus fronteras”. Barriendo siempre para adentro estos franceses… Tate, tate, folloncicos. Véase la crónica de nuestro amigo Juan Pedro Quiñonero en el ABC del 14 de mayo de 2005, página 49). En la parte política de este asunto, es decir, la que va entre paréntesis no entro, ya lo ha hecho por mí, D. Quijote, pero el aforismo que resulta de la frase en cursiva es cierto y lastimoso. El proceso de aculturización es consecuente con el de migración. Peor es perder la conciencia histórica y las raíces culturales de un sector territorial por imposición de otro. Otra frase inolvidable: Nada como el pollo asado de mi madre (Jamie Oliver, cocinero en Essex, Inglaterra. Yo creo que es la más profunda de todas. Y es que como la madre de uno no hay nada, ¿verdad?. Sobre todo si se vive de ella). La construcción del Parador se desarrolla de forma válida y respetando escrupulosamente el medio ambiente y los restos arqueológicos (Ramón Martínez Fraile en una entrevista hecha por Jerónimo Martínez para Arco Mediterráneo, del 13 de junio de 2005. Sin comentarios. Pero, ¡qué bueno es el tal Ramón! Los demás no tenemos capacidad para enjuiciar, ¿verdad? Porque, ¿qué otra cosa va a decir desde su cargo?). La prehistoria es lo que está más cerca de la criminología (Martín Almagro Gorbea, catedrático de Prehistoria de la Complutense, de la Real Academia de la Historia, quien también “denuncia los atropellos constantes al legado arqueológico fruto del excesivo peso de los políticos en detrimento de los técnicos”. Y concluye: “Podría citar un ejemplo en cada comunidad. Uno de los más graves ha sido la destrucción del primer castro excavado entero en occidente, en Llagú, Asturias”. El País, 11 de junio de 2005. Si las piedras de Lorca hablaran…). Pues qué bien. Mi tendencia erótico-mental me ha llevado de lo suave y posiblemente gracioso a lo serio. Es una grave deformación de la que debo desprenderme si deseo ser mejor y entrar en el reino de los cielos celestes, que es el mejor premio al que puedo acceder según me enseñaron mis antepasados a los que les doy mis más sinceras gracias por haberme hecho como soy. Si ahora mismo fuese de otra manera, no me reconocería y mucho peor en un futuro cercano, porque ya no me acordaría de modas, modismos, refranes, anécdotas y otras pequeñas historias que son las que definen una vida tan como la de ahora en la que lo mejor es ser políticamente correcto y aceptar la reducción al silencio, porque de otro modo puede uno ser reconvenido, sobre todo si se discrepa de la oficialidad, aunque sea la doméstica.

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 18


18. Sonia Montes es un rayo de luz en una noche con duende
Aunque hubiera sabido que SONIA MONTES iba a actuar casi al final de la cena como un regalo de boda para sus amigos Germán y Marieta, hubiera hecho lo que hice porque no sabía quién era y ellos sólo decían que, al final, habría una sorpresa. Es más, para conocer su nombre tuve que esperar a que los contrayentes regresasen del viaje de novios, como ya dije estando debajo de la hoja de la lechuga, concretamente en la número once, la de los flecos de suciedad y otras noticias. Pero, a la hora de los puros, habanos claro, que los otros, si son de este mundo, no están aquí afortunadamente, cuando hasta los postres se han servido y los recien casados cogen una espada para partir la tarta nupcial, que por todo eso hay que pasar, y se está a punto de tomar el primer cubata de la noche, una pequeña avalancha de gente, que ya debía conocerla, tomó posiciones avanzadas y, aunque uno intentó llegar lo más cerca posible, me hubiera gustado sentir moverse el mantón de manila por el aire de sus manos describiendo arabescos en el silencio sonoro de su voz, el meneo de su brazo acompañando el cante, como eco de su propia emoción, cada vez el círculo se hacía más pequeño. Así que opté por mirar y escuchar al principio lo más cerca posible; más tarde, sentado a la mesa, oía no muy lejos su canción modulada, grave o aguda según marcaba el ritmo, la letra, el corazón; de cuando en cuando, me asomaba, interesado, al pequeño escenario improvisado y volvía a la soledad de la mesa, todos en el círculo, los de atrás empinados sobre los talones. Concluyó pronto para las ganas que tenía yo de disfrutar su amistosa actuación, que la artista estaba recién llegada de viaje y, sólo por deferencia a la pareja de amigos, había hecho un hueco para rendirle su homenaje particular. Seguramente regresaba del Festival Flamenco de Tel-Aviv, Días de Flamenco. Sonia Montes es un rayo de luz en una noche rota. Su voz es lo más parecido a un misterio. Porque interpreta cada palo con el rigor que merece y cada canción es un sentimiento herido que narra una pasión o deja entrever un girón de vida hecha música que se rompe en silencio o llanto, en gemido o delicada timidez que sólo sabe huir de la pena con la maravilla de la voz que suena y se pierde y regresa y enerva el sentido y penetra en el corazón. Porque letra, música y son, el acompañamiento de guitarra y caja y la misma presencia que consagra la emoción del momento, forman un todo tan unido como el alma y el cuerpo que es el lugar de la resonancia perfecta para una voz tan delicada, tan personal, tan dulce, tan educada. Tan cariñosa. Me parece a mí que Sonia Montes es su nombre de guerra musical. Nació esta criatura en Isla Mayor (Sevilla) y se crió en las marismas del Guadalquivir. El amor, que como dice mi otra voz, la de Diana Navarro, es una barca que me lleva hasta el dolor, la arrastró hasta Almería, ciudad en la que reside todo el tiempo que puede pasar en su casa, pues me ha salido viajera la niña. Sonia, me dicen, viene interviniendo por toda la geografía flamenca, cantando en las principales peñas de España. Han sido varias las visitas a las peñas flamencas de Lorca. Fuera de nuestras fronteras, son destacables sus participaciones en Festivales Internacionales en Nueva York, Berlín, Grenoble, Miami, Lille, entre otros, y, recientemente, el pasado 19 de febrero, en el prestigioso teatro Dekleine Komedie de Ámsterdam, el auditorio de Roquetas de Mar actuando junto a El Cigala y hace apenas un mes en Israel. Confiesa su temprana atracción por el cante, pues para el arte de la copla, de la seguiriya, de la soleá, como para el toreo, se ha de nacer. Desde pequeña siente la necesidad de cantar. Y lo hace sin saber que más adelante esta vocación infantil no la abandonaría, hasta que, en su madurez juvenil, se dedica de lleno al flamenco superando el enorme respeto que le tenía dada su profunda timidez. Le pasa lo que a los toreros, que el miedo se les quita cuando ven salir al toro. Y lo digo porque, si es tímida, lo oculta muy bien en el escenario, aunque sea improvisado. Su afán por aprender le lleva, de manos de José “el de la Tomasa”, a la Fundación Cristina Heeren. De su paso por la misma, resalta la influencia de diferentes artistas con diferentes personalidades como Naranjito de Triana, el mismo José, Paco Taranto, Manuel Soler, Rafael Campallo, Miguel A. Cortés, J. L. Postigo, Manolo Franco, lo que le ayuda a poder desarrollar su propio estilo, su personal manera de entender el cante, sin ningún tipo de patrón. Artistas de reconocido prestigio como Rafael Campallo, Miguel A. Cortés, entre otros, solicitan su colaboración para sus espectáculos, siendo destacable la actuación en el Teatro Central de Sevilla en la pasada Bienal de Flamenco, con la obra Don Juan Flamenco, con la que realizará una gira internacional visitando países como Francia, Belgica y EE.UU. Su voz es una explosión de júbilo. Cantó unas sevillanas, bailadas por Marieta y Germán, que perdieron el aire populachero de que las han dotado y que las hace aparecer como apropiadas para la juerga, cuando son algo más serio, aunque sea festivo. En el próximo otoño saldrá al mercado su primer disco en solitario, donde se recogen los principales palos del flamenco, bajo la producción del prestigioso maestro Miguel A. Cortés. Y bailó y hubo duende. Pero ese es otro mundo en el que, por ahora, no vamos a entrar. Sus allegados dicen que su marcada personalidad se caracteriza por una dulzura emocionante en el tratamiento del cante, la profundidad con que aborda los estilos y la belleza de su melisma flamenco. Su largueza cantaora, su afición y su total dedicación a su profesión son contundentes razones para saber que estamos ante una de las jóvenes intérpretes con más proyección en el panorama flamenco actual. Y así lo entendimos quienes tuvimos la suerte y la desgracia de comprobarlo personalmente. La suerte, porque hacía años que no escuchaba nada igual. La desgracia, porque sólo fue una ráfaga de voz y de luz que duró lo que dura el destello de una estrella en el cielo intenso de nuestro sureste en una noche cualquiera.

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 17


17. No todas eran zafias, ¿verdad Dulcinea?
La Maritornes era una buena moza de posada. Buena de ser y buenona de estar. Así que, algún que otro repizco cogería la muchacha por el pasillo que la llevaba al cuarto, del cuarto al patio, del patio al granero, del granero a la paja sobre la que dormían los mozos, los arrieros, gente basta sí, pero caliente y, dentro de su simpleza, nobles, eso sí, sin pedirles delicadezas, que los pellizcos le dejaban un “cardenal” en el lugar en el que florecía el ardor de la juventud. Pero no ponía mala cara. Viene esto a cuento porque voy a recordar los epígonos de la celebración del III Centenario, que ya ha pasado un tiempo y una guerra y una miseria y siete años de abundancia y siempre la necesidad del agua. Sólo hace falta ir a los periódicos de la época, que están en el Fondo Espín, que Antonio te los facilita sin problemas. Espero poder medio comparar la celebración del III y IV Centenario del Quijote en otra lechuga. Hoy me asomo al recuerdo de tres sonetos casi semejantes de tres poetas casi contemporáneos que vienen piripintados, para esta ocasión. El primero corresponde a Carlos Mellado (1876-1834), autor de A mitad de jornada (1914), primer poeta a quien dediqué mi tiempo, de lo que no me arrepiento. Quizá sea el más tópico de los tres. Consta de apenas doce versos de catorce sílabas que riman en asonante los pares. Describe bien a los personajes.
En el mesón ruinoso de un llano de la Mancha
perdida la conciencia cavila don Quijote,
y en su locura santa, desface los entuertos,
protege a las doncellas y sufre por los hombres.
Ahito ronca Sancho de codos en el plato.
Bajo el candil que apesta la mesonera cose.
El mesonero apunta, con letra trabajosa,
el gasto de cebada que hicieron en la noche.
Los viejos trajinantes que tornan de la feria,
discuten animados con destempladas voces.
Y en el pasillo oscuro, del que el rumor se siente,
retoza con los mozos la zafia Maritornes.
Este que sigue corresponde a Eliodoro Puche (1885-1964), poeta algo menor que Carlos Mellado, tiene ya otra construcción, pues posee como ingrediente el tema de Castilla, querido para los noventayochistas, no en vano pensaban que Castilla era la esencia de España. Ahora no es políticamente correcto decirlo. Pero la sigue siendo de la Castilla que fue España aunque les joda a algunos como si la historia se pudiese borrar por decreto.
Es un camino viejo de Castilla.
Es una venta a la orilla del camino.
En los negros pellejos late el vino.
En el hogar el tuero ardiente brilla.
Cruzando la ciudad, la aldea y la villa
viene lleno de polvo el peregrino.
Acecha el gato con mirar felino
el yantar humeante, en la escudilla.
En las cuadras los mozos y arrieros
departen y se muestran bullangueros.
El sol llena de sus oros la llanura.
Un cantar picaresco rasga el aire...
Escucha Maritornes un donaire...
y en el rincón más hondo reza el cura.
El último corresponde a Miguel Gimeno Castellar (1895-1979) porque, sin duda, volveré a Eliodoro por cuestión del curso que se celebrará en julio en la Universidad del Mar, si es que se celebra, por razones que entonces diré en aquella lechuga.
Ha regresado de su loca andadura
el hidalgo manchego. Es primavera
y en la dichosa beatitud casera
un pastoril idilio se arromanza.
En la solana rota está la lanza
junto al casco, abollado y sin visera.
La espada cuelga, sucia, en la espetera.
En la heredad trajina Sancho Panza.
Platican gravemente en la cocina
el buen hidalgo, el bachiller y el cura.
El ama cose... Sueña la sobrina:
“¡Oh, Dulcinea, zafia labradora,
de todo lo que fue, sólo perdura
aquel amor que te hizo gran señora!”
La ambientación que logran los poetas, cada uno en su poema, es, de verdad genial, al menos como creemos que era La extensa Mancha que pertenecía a Castilla, es decir, a España. Y qué filósofa la sobrina del preste. Los poetas lorquinos del pasado siglo, bastantes en número, raros en calidad, no estaban fuera de su tiempo y sabían lo que había que hacer. Escribir bien, escribir temas de raigambre, de siempre, de la más alta obra que ha salido jamás de pluma española, de pluma universal. Si no hubiera sido por ellos, ¿cómo hubiera escrito mi hoja esta semana?

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 16


16. Chivo picante para cualquier ocasión
Le iba a pedir a Geovanni la receta del chivo picante, pero la encontré en una revista de las atrasadas que suelen haber en las peluquerías como en la que recalé el día de ayer. Digo chivo picante porque parece ser que se come bastante, o es receta apreciada, en Ecuador y, como mi nieto Pablo, al que me gustaría enseñarle la ruta del vino, si Dios me concede tiempo suficiente para ello y no se pierden antes las pocas tabernas que quedan, algunas ya bastante caras, tiene en su clase un amigo ecuatoriano llamado Wilson, por si un día aparece con él por la casa y hay que cocinarlo, ya la tengo. Ingredientes: medio kilo de chivo (cabrito), orégano, cabeza de ajos, albahaca, comino, limón, perejil en polvo, tomillo, sal, una guindilla, un vaso de vino tinto, cuatro tomates, una vaso pequeño de aceite de oliva y ron. Preparación: en una olla se pone el chivo a trozos y se añade el vino tinto, sal, orégano, ajo, perejil, tomillo, albahaca, comino, guindilla y el limón (uno) a rodajas. Se deja reposar unas horas. En otra olla, se echa el aceite y se pone el chivo y el condimento. Cuando hierva el animal, se añade un chorro de ron y los tomates. Se deja hervir una hora. Se sirve con arroz, hay que hacerlo aparte, o con plátano. Muchas especias lleva, pero, tomando poca cantidad, quizá, no me amargue la tarde con una digestión lenta y lenta y más lenta, a las que acostumbro, que me obligue a tomar cualquier medicina moderna, Almax, o remedio tradicional, bicarbonato. El que hoy salga esta lechuga cocinera debe ser porque todos los lunes me encuentro debajo de la hoja de la lechuga el horno de los cuentos, cuyas recetas son todas, o casi todas, muy golosas y la escritura muy enrollada e ingeniosa; es posible que tenga cierta fijación por eso y me lleve el asunto entre ceja y ceja un tiempo. Y lo mejor que se puede hacer con las tentaciones es caer en ellas, no resistirse, como se puede comprobar que estoy haciendo. Por todo ello, a la hora de la comida, o sea, a las dos de la tarde, aprovechando una ausencia de Carmen, de visita a Belén, en Murcia, me fui a la cocina, busqué un cazuela de barro que había comprado para hacer arroz, le puse agua hasta su mitad, le añadí un par de hojas de laurel, una bola seca, un trozo de tomate, una tira de pimiento, perejil, una polvoreda de albahaca, estragón, tomillo, hierba buena, un chorro de aceite de oliva, y dejé que todo eso empezara a hervir. Miento, busqué media docena de gambas que habían quedado aparcadas por ahí y las eché también al cazo. Dejé que hirviera un poco, como tenía pensado y, a los cinco minutos, cogí el arroz de Calasparra, puse tres puñados en la zaranda, lo limpié, y lo fuí dejando caer con un cuidado amoroso sobre el agua hirviente. De vez en vez, durante los veinte minutos preceptivos de rigor, con la cuchara de madera tan quemada ya de tantas veces en la olla, removía todo aquello que olía ya a cielo bendito. Lo probaba de cuando en cuando cerrando los ojos y comprobando la evolución de aquel guiso que, por primera vez, estaba haciendo. Sin receta alguna. Lo he inventado yo, me dije. Lo sentía madurar entre mis dientes, ponerse tierno poco a poco. Cuando estaba ya casi a punto, cogí un huevo y lo eché encima de aquel arroz al que le faltaba, reconozco mi olvido, un poco de azafrán de pelo. Me consolé con el colorante que encontré. Está a punto, comenté en mi interior. Y corté el fuego, puse un paño de cocina sobre la olla de barro y dejé que se reposara. Así que, mientras aquello maduraba amorosamente, me serví un vasito de vino blanco, XAREL.LO, BLANC DE BLANCS, vino humilde de la casa Maset de Lleó, del Penedès, que me vende Soledad –mándame lo que quieras– mientras hablamos de otras cosas, un vino sencillo, suave y afrutado, de pocos grados, que, tomado a una temperatura apropiada, es decir, casi frío, entra muy bien y tiene mejor buqué, que suelo degustar de cuando en cuando. Juro por todos los dioses de uno y otro bando que me preparé una mesa apropiada, con un mantel coqueto, servilleta, todo, algún que otro detalle, hasta cuchara y no sé por qué. ¡Qué bien lo voy a pasar! La verdad es que me lo merezco. Otros hay peores. Todo eso me decía para disfrutar de mi placer por adelantado y descargar mi conciencia. Jamás sabré cómo pudo estar esa comida. Ni estuve pensando en Diana Navarro –hay que ver cómo duele en mis venas el amor que te di– ni se me ocurrió mirar al Castillo de Lorca. Aclarando, que es gerundio: la galería de la cocina da a este edificio y, si levantas la mirada, te lo tropiezas. Por encima, un trozo de cielo azul, que por eso es más cielo. Me gustaría que me llegara también el olor de la pizzería pero, como Salva tiene L’Antorcha tan bien, no se escapa ni un aroma y tengo que conformarme con respirar hondo cuando paso por su puerta. Tampoco estorbó ninguna ambulancia, ni coche de la policía, ni de bomberos que me distrajera, me pusiera nervioso y se me olvidara comer. Me sacó de mi limbo un largo timbrazo, maldita sea, vaya oportunidad, y una voz que me pareció gangosa e indescifrable mientras la escuchaba, que me gritaba no sé qué, que, por supuesto, no entendí. Cuando la luz se hizo en mi cabeza, pensé en abofetearme. Es fácil que me escapara alguna lágrima furtiva. No hice ningún comentario. Sólo me dije: “esto te pasa por tonto”. Y empecé a cumplir mi penitencia. Se me había olvidado que iban a pasar por mí sobre las tres de la tarde porque teníamos que estar alrededor de las seis en Almansa para ver los libros de JPQ.

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 15


15. El cartel
La Hermandad de Labradores, Paso Azul, está celebrando, bien que sin tirar el Paso por la ventana, es decir, con la mesura y justeza que lo caracteriza, el primer Centenario del Manto de la Virgen de los Dolores dibujado y dirigido por Francisco Cayuela Sánchez. Yo me alié con este proyecto como hago con todo lo que es, parece o suena a cultura. Son varios y diferentes actos los que están programados. Unos se han hecho, otros se están realizando y otros no sé si llegarán a nacer. Porque lo importante en el Paso, en la procesión, es el trono, la carroza, el bordado y el caballo. De los tronos no voy a decir nada, ni siquiera de los que llevan o van a llevar a hombros, porque un grano no hace granero. Las carrozas son espectaculares, ostentosas y representativas, lo que constituye una esencia en el Paso. Cae mi silencio sobre el bordado para evitar malentendidos, es decir, ni opino, no se me enfade alguien, aunque lo que diga sea positivo y se desate una crisis. Sobre los caballos, elogio, que los lleva Jacobo y ha ganado el Paso desde su llegada porque lo está haciendo bien, no porque sea amigo. Pues, como decía, y por orden, primero está la procesión como elemento principal, único e irrepetible, y después todo lo demás, que viene a entrar dentro de lo que me gusta llamar cultura azul. Este término es algo más que considerar el caballo, la carroza y el bordado como única expresión de un color, sino que, por extensión, denomina cualquier cosa que exceda el criterio tradicional. Todo cuanto afecte a la Hermandad de Labradores, Paso Azul, forma parte de la cultura azul. Por ejemplo, el antiguo Boletín Azul, hoy Revista Azul; la investigación, auspiciada desde la presidencia de José A. Mula García, sobre Juan Antonio Gómez Navarro; la publicación del libro de Joaquín Gimeno Castellar, o la exposición sobre Francisco Cayuela Sánchez, y otras iniciativas que están ya en los anales de nuestra Hermandad, llámese restauración del altar de Nuestra Señora de los Dolores o la reivindicada y prometida para el año próximo restauración del órgano de la iglesia de San Francisco. O la instauración de la oración civil que se celebra a mediados de septiembre, en la conmemoración de la festividad de los Dolores Gloriosos de Nuestra Señora. Todo esto es para mí cultura azul. Y como ya he dejado escrito, dentro de esa cultura o manera especial de percibir, se encuentra el cartel anunciador de todos estos actos, que ha realizado Alejo Molina, azul en exceso y en sentimiento, artista, recreador de las formas, con un ojo sutil para el encuadre fotográfico. Ha pasado, en parte, desapercibido porque así han querido los dioses manes y penates. Se presentó, se guardó, ahora se han colocado unos cuantos en algunos escaparates de comercios cuyos dueños/as son azules que, sin embargo, aunque no todos/as, se quedan con él y no lo exhiben porque les gusta. Así que la eficacia anunciadora del cartel, del póster de lujo que es el que recuerda la efeméride, ha quedado como insuficiente, aunque, me imagino, que se le ha valorado, pero el paño bueno no siempre ha de estar en el arca, pues debía anunciarse en alguna que otra pared o lugar que permita carteles, precisamente en las que siempre dicen responsable la empresa anunciadora. Hasta se podía haber vendido por uno o dos euros, es decir, por el precio de una cerveza, puesto que hay azules a los que le gustaría tenerlo. Todo el manto de Cayuela, aunque no tiene por qué ser original en el sentido de haberlo ideado totalmente, es una obra de arte. La delicadeza de su autor ha plasmado la parte más genial, más representativa, más sugeridora del manto azul. Es el momento en el que la cruz, que espera un cuerpo humano y divino, y es sostenida por un ángel de dolor, recibe una lluvia de rosas de otro ángel espiritual, mientras la paloma lleva una rosa de pasión en su pico y las pasionarias sustituyen a los sangrientos clavos tópicos de la Pasión, arropado todo en el inicio de un arco gótico florido. Allí, el delirio del color. Un breve filete dorado separa la imagen de la leyenda en la que se nos anuncia el Centenario del Manto Azul, de un Manto para una Madre. La leyenda, también en dorado, campea sobre un azul íntimo, fuerte. Alejo, no es porque seas mi hermano. Es porque me ha salido del corazón elogiar tu trabajo. Acostumbrados todos, y los azules también, a tus fotos, apenas valoramos tu vena artística y tu ilusión azul. Mas, volverás a sorprenderlos cuando contemplen tu trabajo, en noviembre, en la última actuación del ciclo de conferencias. Yo, que no estoy en ninguna oposición ni voy a estarlo, que soy suficiente para estar conmigo mismo y que desafortunadamente sé pensar y me doy cuenta, ya he iniciado mi retirada, que me puede el cansancio y necesito reposar debajo de la hoja de la lechuga. Pero, antes, mi homenaje porque te lo mereces y, como no te quedan abuelos/as, yo te alabo porque me parece exacto y correcto hacerlo. Tú sí estás dentro de la cultura azul, por la que has trabajado desde que regresaste a esta Lorca de tu corazón. Eso sí, en nuestro trabajo está/ha estado nuestra penitencia y nuestro gozo. Porque siempre sucede así.

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 14


14. La niña bonita: quince hojas de lechuga y otras divagaciones
Si contara un artículo que no he publicado, quizá porque el tema está muy desgastado, porque pertenece a otra guerra o porque el amor tiene una barca que me lleva hasta el dolor (Diana Navarro) y a veinte leguas de Pinto y a treinta de Marmolejo existe un castillo viejo que edificó Chindasvinto (poesía popular), es decir, a mí casi me la repanfinfla, aunque la procesión vaya por dentro, tú, porque aquellos polvos trajeron estos lodos, esta sería la décima quinta lechuga mía en este Arco que va a más. Catorce semanas que ha aguantado este Mediterráneo que será arco de triunfo a poco que la suerte acompañe a sus mentoras. Mas, mira por dónde, dedicado a esta efeméride, una vez más debajo de la lechuga, no sé cómo va a continuar este escrito. Los otros días, otra señora amiga que pasaba junto a mí, mientras yo estaba con lo de JPQ, me dijo que también leía mi lechuga (le quedan aún treinta y seis que leer, deo volente, porque entonces me retiro); lo hizo con vez queda, como si fuera cómplice de algo que esperaba semana a semana. Gracias. No ambiciono ser baremo lector de este semanario pero, si me leen, leen también el periódico a pesar de la competencia y del estilo que cada publicación está alcanzando, que los vaivenes son propios de los comienzos. Yo acabo de empezar este, digamos artículo, y tampoco sé cómo continuar porque estoy escribiendo para dentro de una semana, de mayo para junio, y todo me pilla a traspié, todo está ya manido o no ha llegado a ser todavía. Por ello, busco cosas relacionadas con los pequeños intereses líricos y diarios, dentro de la moderación irónica que me he impuesto, y aprovecho los huecos de tiempo para refugiarme en la lechuga mientras pienso, por ejemplo, en María José, guapa, que algún año iré a recoger la fotografía, no te preocupes; en iniciar el prólogo para las Actas del Congreso sobre Musso Valiente; en Salvador García Jiménez, sobre el que Juan Cano Conesa ha escrito un libro, Escribiendo sobre la pluma de un ángel. Las novelas de Salvador García Jiménez, al que le estoy buscando un par de fotos que me ha pedido, pues su próxima novela tiene como personaje importante a Fajardo el Bravo; en Pablo Jauralde Pou, del que tengo pendiente la lectura de su último libro de poesía, Calcetines rojos, que se inicia con un un bello soneto, tras un inquietante prólogo; en Jacinto Herrero Esteban, que acaba de enviarme La herida de Odiseo, Premio Fray Luis de León de Poesía de la Junta de Castilla y León; en leer La concepción romántica del Quijote, de Anthony Close, que necesito para preparar mi conferencia en el ciclo IV Centenario del Quijote en Lorca, menos mal que mi turno llega en noviembre; pero más cercana está la que tengo que impartir, en este caso leer, no sea que desbarre y estarán presentes muy buenos especialistas, figurará en ella al menos un inédito de nuestro poeta, en el curso que sobre Eliodoro Puche organiza Pedro Guerrero para la Universidad del Mar, con mayúscula, que algo saldrá de mi mar de Calabardina, y todavía no se cómo empezar, lo mismo que ahora. No voy a poner en negrita a la persona que me lo proporciona, lo haré en su momento, no sea que alguien se adelante y pierda el carácter de no édito. Para cumplir todo esto, debo abandonar la protección de la hoja de la lechuga y dejar de jugar al corro, eterno retorno al mismo punto del círculo. No encuentro nada que decir para esta lechuga de esta semana, aunque me gustaría que los lectores preguntaran por los libros anteriores en las librerías locales porque son buenos textos, en caso contrario de mi boca no saldría ni un suspiro, y, para el tiempo que se acerca, no están mal para perderse en sus páginas en las tardes lánguidas, plenas de la calidez de este verano que ya tenemos a la vuelta de la hoja de la lechuga y es conveniente ralentizar casi todo porque las horas de luz son tan amplias, tan generosamente largas, que hay tiempo hasta para leer, aunque parezca verdad. Recuerdo una promesa que hice hace varias lechugas y que ahora cumplo porque ya han regresado de su viaje Germán y Marieta y vuelven con más amor, y nosotros que lo veamos cuando tenga que ser, ni antes ni después. Ya sé el nombre de la criatura que amenizó la velada en la celebración de su suave, sereno y estético desposorio en el Gran Hotel de Almería, nombre que escucharán ustedes de aquí en adelante con cierta asiduidad, aunque ella prefiere cantar en la intimidad, sin que eso quiera decir que desdeñe el gran escenario: SONIA MONTES, de la que prometo escribir en cuanto hable con ella en Almería un día de estos, aunque ya adelanto que actuó en una ocasión en la Peña Flamenca de Lorca. Tendrá que ser después del fallo del VII premio de Novela Corta Casino-Ayuntamiento de Lorca. Seguramente desde el día veintisietes del pasado mes, coronado de azaleas y otras plantas hermosas, se sabe ya el fallo de este premio. Enhorabuena al ganador. Si esta hoja se publicara, que no, antes de esa fecha, aventuraría un título como ganador, pero a posteriori no vale. Así que ha ganado Amado Gómez Ugarte con su novela El barco varado. Era la mejor. Pues bueno, sigo sin saber qué escribir para esta niña bonita, para este comienzo de junio, para la lectura leve de quien nos sigue y pone su Arco Mediterráneo junto al abasto diario, cabe el carlorcillo de pan que exhala su olor tierno como agua de mayo, como flor de abril, como jacaranda, como naranjo a punto de estallar en perfume, como tilo, sauce llorón o azufaifo, colores todos preciosos, de los que adornan el rostro de las bellas lorquinas. Bueno, poco tenía que decir, no sabía cómo, pero ya hemos llegado a su fin y ustedes que lo lean y esperen que otra semana me encuentre más inspirado, que si no cae sobre mí la amenaza del despido y entonces, ya jubilado, ¿en qué voy a ocupar el tanto tiempo que encuentro encima de mi mesa de trabajo que aún sigue siendo un caos?

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 13


13. Un hombre llamado libro: Juan Pedro Quiñonero
De mi furor adolescente por los libros, tuve, y me ha quedado, el ansia de comprarlos en librerías de viejo o especializadas, muchos y variados, menos en las épocas en las que me he dedicado al estudio y, entonces, sólo adquiría libros teóricos de literatura, especialmente romanticismo, anticlericalismo (¡quietos!, no se asusten, sólo por la tesis doctoral), teoría de la novela, de la poesía, del ensayo, de semiótica, de bibliófilo, de tantas y tantas cosas como pueden haber en los cuatro o cinco mil libros que constituyen la única herencia que voy a dejar, porque de proporcionar a los hijos bienes materiales se encarga la madre. Tampoco me gustaría dejar esa herencia, aunque, en principio, Belén, que está construyendo una magnífica tesis doctoral en la que analiza la relación entre letra y música en las óperas de Calderón de la Barca y se sirve de algunos de mis libros, unos antiguos, otros recién adquiridos, parece que desea todos aquellos que se refieran a literatura. Pero me hubiera gustado hacer lo que ha hecho Juan Pedro Quiñonero, JPQ en adelante. Los libros que ha donado a la ciudad de Lorca llevan sangre de muchas batallas intelectuales en aquellos años de su primer periodismo en el diario madrileño Informaciones. Son los libros en los que se formó en un humanismo laico, en una noche oscura de la cultura española, larga, torpemente larga, en la que pensar ya era un estigma. Más o menos como ahora, pero por otros considerandos, es decir, porque la cultura industrial ha acabado hasta con ese clásico humanismo aunque fuese laico por voluntad de una juventud en militancia frente a la opresión. Entonces no había cultura de masas, sino avidez intelectual, que la masa procede de la opulencia, la consolida el estado de bienestar y la vende algún que otro político en el ejercicio de su vanidad. Vengo a decir esto, por dos cosas; la primera, porque llegó hasta mí un libro suyo, cuando la Pérez de Hita era mi librería; la segunda, porque, desilusionado y nihilista, JPQ abandona España y se instala en Paris. El que quiera saber de esto que lea Retrato del artista en el destierro, casi memorias de JPQ, aparecido en 2004. Aquel libro primero, Ruinas, me llevó a otros, y, cuando me llamaron para hacer voces de autores literarios para la Gran Enciclopedia de la Región de Murcia, incluí su nombre. Entonces entré en contacto con él y hasta ahora. Tengo todos sus libros, menos dos, de los que él mismo no tiene ejemplares. Los libros donados a Lorca, bien que por mi mediación, podían haber ido a Totana, haberse quedado en Almansa, o destinarse a un pueblo andaluz de cuyo nombre no me acuerdo por más que quiero. O haber sido míos, vaya. Pero decidí que Lorca, generosa y deseosa de ser aún más culta, yo la prefiriría humanísticamente culta, al menos equipamiento tiene para ello, era el lugar ideal. Caridad Marín aprobó el proyecto. Santos Campoy y yo fuimos a Almansa, pues estaban depositados hacía dos años ya en una agencia de transportes, destino Paris, para saber qué nos íbamos a encontrar. Abrimos algún paquete, le preguntamos a JPQ sobre la clase y número de libros que estaban embalados y se cerró la operación. El señor de los transportes ha tardado casi un año en enviarlos. Bienvenidos sean. Estas son las credenciales de JPQ: Una lectura de Baroja: del folletín al surrealismo (1972), Proust y la revolución (1972), Ruinas (1973), Memorial de un fracaso (1974), Baroja: surrealismo, terror y transgresión (1974), Escritos de VN (1978), La gran mutación. España y Europa ante el siglo XXI (1979), De la inexistencia de España (1998), El misterio de Ítaca (2000), Anales del alba (2000), Retrato del artista en el destierro (2004) y El caballero, la muñeca y el tesoro (2005). Tengo la inmensa suerte de poseer un original y haber leído antes de su publicación Retrato del artista en el destierro, por el que, en la tarde del día en el que esto escribo, 18 de mayo, se le ha concedido el Premio de la Fundación Caballero Bonald. Pero también me he cansado de recomendar El caballero, la muñeca y el tesoro y seguramente no hay ninguno en las librerías lorquinas que bastante hacen con vender libros de consumo, números unos de las listas de ventas y otras historias impersonales. También intentan vender libros de lorquinos o que tratan temas lorquinos. Es inútil porque la gente se ha acostumbrado a que se los regalen. Hay que vender hasta los libros subvencionados por el importe de su costo. Es la única manera de que se respete la labor creadora, los libros se dignifiquen y los adquieran los interesados. Como muy bien se ha hecho con la Obra de José Musso Valiente. Anales del alba estuvo en una de las primeras convocatorias del concurso de novela corta del Casino-Ayuntamiento de Lorca con otro título. Lo deduje cuando comprobé que el matasellos ponía Paris. Después se lo pregunté. Era mi novela, densa, poética, experimental si se quiere. Es decir, la novela que tiene que premiar un jurado de un concurso independiente, porque un nombre así hace fuerte un premio. Pero el jurado se fue por otros derroteros, que yo respeté, y la novela, con su título actual, fue Premio Juan March. Interesante. No me había equivocado, quizá porque siento cierta tendencia a lo marginal. Pues, bueno. Ya tenemos entre nosotros a JPQ y una buena porción de sus libros, aunque creo que otros vendrán detrás, y ustedes que lo vean y yo lo escriba. Señal de que vivimos. A JPQ también se le puede leer en el ABC, pues es su corresponsal en Paris. Unas veces envía sus crónicas y otras escribe en su suplemento cultural, siempre sobre libros y pensamiento, con notables incursiones en la política. No en vano ha sido enviado especial en medio oriente próximo, antes de que los pérezreverte salieran, desde territorio comanche, a ejercer de espadachines y académicos. Ya tienen ustedes, pues, referencias concretas de este personaje singular, tímido, inteligente, intelectual, sensible, que se fue de España desencantado, aburrido, a esa amplia patria que es Paris, donde habita JPQ con su esposa y sus dos hijos. Tiene una casita en un lugar de la costa catalana. A ella regresa todos los veranos y allí espero que entienda más y mejor que yo la realidad catalana de ahora, corona de espinas incluida. Parece ser que la Editora Regional le va a publicar un ensayo que tiene inédito sobre el pintor murciano Ramón Gaya, con motivo de una gran exposición que está montando la Caixa, no sé si en Murcia o en Barcelona. Me alegrará que todo esto sea verdad. Así que, como prometiera en lechugas anteriores, he aquí la historia completa de por qué y cómo está en Lorca un trozo del alma de JPQ. Y por favor, Gloria, que te escribes casi todo el Arco, verás cuando sea triunfal, ponme una foto de JPQ de cuando era un mozo joven, en 1979. Gracias, maja. Y contento de que me hayas incluido en la lista de tus amigos, aunque sea por unas negritas, que, como decía alguien, son bellas hasta de noche. Y gracias, Rosarito, por tus gracias.

jueves, febrero 09, 2006

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 12


12. Las “Casas Baratas”, casi cincuenta años después
Sin ser acto social, hasta lo fue. Estábamos los justos. Leoncio Collado quien, como uno más, sólo iba a comer y beber con moderación. Pepe Murcia, que se puso, en un momento, reivindicativo, con la euforia del impotente cuando no puede realizar lo que cree justo. Sixto, sin ejercer, en este acto, de presidente de la Asociación de Vecinos de esa barriada, pero siendo el factotum. Otros más, como el que esto escribe, mi hermano Juan Antonio, que qué voy a decir de él, sino que es un tío con un par, Eduardo, Cesáreo, Pepe, otra gente que no conozco porque son más jóvenes, mujeres, la salsa de la vida, y las Piratas. Faltó Huertas. Mi corazón está con vosotras, Matilde, Nani, Angustias, por razones que no son del caso ni hace falta explicar porque forma parte de la intimidad personal, cosa que sólo se cuenta medio “empiojao”, cuando la nostalgia o la ternura se desborda y cae al plato de los michirones, de los caracoles, de tanto como nos puso en la mesa esta buena gente que lo es. Nadie apostaba un duro por mi presencia. Pero estuve. Porque estas cosas me gustan. Me veo más joven, más de otra manera, es decir, como era entonces, como sigo siendo, pero debajo de la hoja de la lechuga. A Nito -¡qué bien estaba Pastorita!- y a Pepe Izma, un sobresaliente. Ellos me llamaron. Habían celebrado la fiesta oficial el mismo día en el que estaba en Almería haciendo una lectura epitalámica a Germán y Marieta, el día en el que cantó esa hermosura de voz cuyo nombre aún no sé y yo me acordaba de Diana Navarro, y no pude estar con ellos, habían celebrado, digo, el medio centenario, media copa de coñac, de la construcción de las Casas Baratas. Pero, si los santos tienen octava y las bodas retorno, hubo celebración íntima a la que asistí, con tantos otros que no he citado, y que me perdonen por no conocer o recordar sus nombres, merced a la generosidad de las tres gracias: Matilde, Nani y Angustias. En Lorca siempre se ha hablado del Barrio o de la Ciudad, cada una con su equipo de fútbol, Atlético de San José y San Cristóbal, como vamos a poder leer pronto en la historia del fútbol en Lorca que está preparando Jumondi, al que ya le anticipé a comienzos de temporada que el Lorca no iba a ascender. San José y San Cristóbal son la sal de Lorca, cada una sita en un extremo, pero los extremos se tocan. Sin embargo, jamás había conocido en Lorca popularidad tan graciosa, tan sencilla, tan reconocida, como la de las Casas Baratas. Cincuenta años hace que se inició su historia, alguno menos que empezó a ser habitada. Pero, ¡qué bello es vivir para contar que uno ha residido allí, que uno ha estudiado allí, que uno se ha chispado allí, que uno se considera de allí a pesar de haber vivido fuera y dentro de Lorca, que uno conserva amigos allí, que no hay otro vino mejor que el del Bodegón! Y por el ajo que hicieron la otra noche, verde, hermoso, de color de aceite, con el olor y sabor justo, más de uno hubiera pagado muchas pesetas reconvertidas en euros europedos que sólo han hecho encarecer las cosas. Pero de eso no se envasa para Europa. Gracias a Dios. Que se coman con su pan las cosas que a ellos les gusta, pero que la morcilla, la salchicha, los caminantes, los caracoles serranos, los michirones, la empanada, la patata cocida, que se la coman aquí si se pueden hacer amigos de la historia viva de las Casas Baratas: Matilde, Nani y Angustias. Habrá otra gente allí a la que seguramente he citado en otro escrito, aunque me olvidé de Pedro el Faros, Joaquín, el de Hersi, y de alguno más que por despiste de los años que soporta mi cabeza, con tanta cosa encima de mis hombros, ha pasado a ser parte de mi desmemoria. Conté alguna anécdota casi desconocida, pertenecía al mundo masculino, como la de la “virutilla”, sucedida cuando Juanico Valiente era carpintero, y, si hubiera forzado la máquina, alguna otra más hubiera recordado, pero tampoco hace falta. Es mejor quedar en esa nebulosa en la que las cosas son o no, pero se dicen y se cae en la nostalgia, en una melancolía en la que nada se agolpa a la cabeza, pero que te hace perder en un momento la noción de las cosas que te rodean, porque de lo que se trata es de que has vivido allí, con tu familia, con tu madre, con tus amigos, con gente mejor o mejor, con tanto pueblo como forma parte de la vida diaria, el panadero, el tendero, el zapatero, el carpintero, la guardia civil, la escuela, el Perla, el bar los Claveles, el cine Torrecilla, el taller de fulano y de mengano, y todo lo ves en un segundo, el ambiente, el camino, aquel que no sé dónde para, tantos que han fallecido, y no sabes qué te ahoga más, hasta que ves el candor los humildes, la solidaridad de tanto vecino, el cariño que ponen en las cosas y entonces sabes que ha valido la pena vivir allí y que esta efeméride nos haya juntado y nos hayamos abrazado, aunque sepamos que va a pasar otro mucho tiempo sin vernos, pero hemos concurrido como si fuera una Navidad cuando la madre nos unía e íbamos a “ca” las Piratas a comprar por si faltaba algo para mis hijos que vienen de fuera, mis nietos que llegan y ya están grandes, y tantas otras historias, como cuando íbamos a casa de Jesús Rael a beber coñac Constitución y el coñac era del Bodegón porque Jesús se traía la botella vacía cuando iba a cenar con los notarios. Era un juego, lo sabías, pero queríamos beber de esa botella para parecer potentados o gente sencilla, que nunca se sabe. Al igual que Leoncio Collado, comí y bebí con moderación, que estoy hecho un gordinflón. Como llevábamos el mismo camino, hasta los Naranjos fuimos juntos los anfitriones y nosotros, mi hermano y yo, que me acompañó hasta mi casa. Si supiérais cuántas gracias os doy por haberme permitido estar con vosotras, no os cabrían más que en el corazón, que una caja de tortas con chocolate, como las que cerrarron la cena con cava y sidra para los que prefieren la bebida dulce, es pequeña. Cuando me muera, que me entierren en las Casas Baratas para formar siempre parte de su historia. Matilde, Nani, Angustias: muchos besos y deciros que mi corazón está con vosotras y con las Casas Baratas. Debajo de la hoja de la lechuga, siempre hace recencio. Lo vuestro es ternura.

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 11




11. De cómo se sortean flecos de suciedad y otras noticias
No comenzaba como lo hace la hoja de lechuga de esta semana que tuvo a bien perderse, una vez escrita, entre los recovecos de un ordenador que se apaga porque sí. El subconsciente ese de Freud, si es que es suyo, al que se culpa de más cosas de las que se debe, quizá me haya ayudado a recomponer, en cierto modo, la crónica, estando en el Charmant con el primer madrileño de la tarde por no perder la costumbre. Iba el escribidor sorteando vomitonas el domingo-tarde cuando, regresado de Almería de asistir a la boda de Marieta y Germán, sencilla y elegante boda en la que cantó una de las próximas voces famosas del flamenco-pop, de la que diré su nombre cuando me lo digan a mí, digo que iba evitando pisar los flecos de las vomiteras estúpidas de los que se emborrachan por el mero placer de manchar la calle, de los que creen que en la bebida hay que llegar siempre al final, espero que lo comprendan, hasta llegar a mi bar más cercano. Y así me vino el pensamiento: entre esa limpieza supletoria, los contenedores destinados a ser pasto de las llamas, las flores de los jardines que desaparecen y otros etcéteras, el Ayuntamiento, es decir, nuestros impuestos sufren una considerable merma los fines de semana y fiestas de guardar que, de no ser así, podrían dedicarse a otras cosas perentorias, como es invertirlos en educación para que la cosa social funcione más adecuadamente en el sentido en el que escribo: educación para vivir en sociedad. No es que yo pretenda educar u otras cosas, no, que cada uno hará de su capa un sayo en este y otros negocios y tampoco me corresponde. Sólo pretendo no meter la pata en una suciedad innecesaria porque la calle no es una pocilga. Nada más. Ni nada menos. Y eso que las máquinas de limpieza funcionan, que las oigo y veo. Dicho esto, a otra cosa mariposa. Sí quería decir que me había enterado en Almería que la Casa Regional de Murcia, es decir, Lorca, en dicha capital, había concedido su Medalla de Oro, u otra distinción similar, a nuestro Ayuntamiento, lo que dignificaba a los dos, a nuestro Ayuntamiento porque de este modo se reconoce las ayudas que le presta, si es que lo hace, y a la Casa Regional porque no se olvida de su ciudad. Y también quieren venir a presentar su programa de conciertos de música renacentista, creo, o barroca, el Ayuntamiento de Vélez Blanco y la Universidad de Almería. Pues, amén, que me parece muy bien y que para eso estamos. El Paso Azul sigue con su programación de actos para solemnizar el primer centenario del Manto. El pasado sábado, día 7, a la hora del fúbol, tuvo lugar la primera de las conferencias a cargo de Javier Ros Pardo que comentó aspectos diversos de su investigación de hace ya años sobre el manto de la Virgen y desempolvó una vieja grabación de la voz de una de las señoras que conoció y que había bordado en el mismo. El próximo día 26 de este mes tendrá lugar la segunda conferencia de la que se dará cuenta próximamente. Son estos actos expresión de la vitalidad cultural de Lorca a la que se suma el Paso Azul en actos abiertos a todo el público. Y si no vuelve a haber retrasos inexplicables, a comienzos de la semana que viene, es decir, cuando esta hoja esté en sus manos, vendrán a Lorca los libros donados por Juan Pedro Quiñonero a la ciudad. Juan Pedro Quiñonero es natural de Totana. Ejerce de corresponsal en París del diario ABC y es escritor. Su último libro, creo que ya citado por mí en este espacio, es El caballero, la muñeca y el tesoro. Espero que no pase como con los libros de Concha Fernández Luna (no María, como permite la bondad de las bibliotecarias), que aún están en sus cajas, o con los de Horacio Capel. Reconozco que se acumula el trabajo y que hace falta más personal para poner al día estas dádivas increíbles como son los libros que deben ser puestos al servicio de los investigadores para que puedan completar o iniciar estudios que sean de su especialidad. Y yo que los lea. Y por decir algo más de la vida cultural lorquina, el pasado día 5, el jurado de selección del VIII premio de novela corta Casino-Ayuntamiento de Lorca concluyó su trabajo y escogió las tres novelas que, a su juicio, debían estar en la batalla final. Si Dios no lo remedia, a finales de mayo tendremos novela ganadora. Amén y yo que esté allí. En el Casino, por cierto, que necesita una remodelación en su régimen interno como un arreglo en sus dependencias, hay socias con todos los derechos. Por ejemplo, lo es Pilar Wals Rúa. Pero, obviamente, no es jugadora de dominó. De ahí el que sea exigible una remodelación para que todos y todas puedan disfrutar de otras secciones más acordes a sus gustos. Pero, bueno, creo y espero que, cuando esté arreglado y se abran nuevas dependencias ahora en desuso, se podrá atender estas peticiones, porque entonces el Casino será lo suficientemente atractivo como para que las damas puedan ir y participar en otras actividades acordes con los tiempos que corren y mis ojos que lo vean. Valga como crónica esta hoja escrita al amparo de una lechuga. Este espacio es un divertimento, no un hiperensayo breve. Así pues, no tiene horma preconcebida y cada vez irá por donde salga, por lo que no tiene miedo de venir al mundo así.

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 10


10. A una señora que elogió la levedad de la lechuga
Querida editora: como te dije cuando te envié las últimas lechugas, ya hay gente que las lee, por supuesto los amigos que hasta buscan el lunes el periódico para ver qué palabras pongo en negrita. Pues bien; hace ya unos días, concretamente el dieciocho del pasado abril, iba yo por una acera y, desde la otra, una guapa amiga de siempre, a la que, por cierto, tengo que pedirle un favor, casi me gritó “José Luis, que leo tu lechuga y me gusta”. Eso me hace dedicarle esta lechuga, si es su plato preferido. Estos versos que siguen, inéditos, no fueron escritos para ella, pero se los ofrezco cariñosamente por simpática y por amiga. ¿Verdad, Rosarito?
Elogio de la levedad
La niña pone una rosa
en el mustio misal muerto
de las estampas sombrías.
Su mano es un vuelo de búcaro.
Descalzos, sobre la hierba blonda,
los pies descansan del sendero
sin paz y la fronda sombrea
su rostro aburrido del rezo.
Abre la niña el libro iluminado
y mira la letra dorada del salmo.
Aprieta la ilusión contra su pecho
apenas brote de flor de mayo.
Vuelve su rostro a la efigie
que refleja un mensaje de aire
nuevo, mientras el río, en su curso,
sortea la ciudad y la pradera.
Nunca vio el rostro de Venus
ni la pureza esplendente del alba.
Como este hoja es iconoclasta, en ella coge todo, desde un relato hiperbreve hasta un trozo de un poema más extenso. Ha concluido el ciclo encargado a ciertas mujeres sobre su propia actividad a lo largo del siglo pasado. Salvo lo fallos técnicos, lo demás transcurrió dentro de los límites previstos. Ha coincido el final de este programa con el inicio del de D. Quijote. Es la vitalidad cultural de Lorca. La actividad programada permite elegir. Porque no es cierto eso de que si hay un solo acto la gente va a ese, no. Al que no le gusta el flamenco, no va a un espectáculo de este tipo aunque no haya otros actos. Así que, lo único que queda es seleccionar calidad y que cada uno elija según sus intereses. No tengo más remedio que dedicarle un recuerdo a Diana Navarro, la culpable de que esto sea un lechuga. He adquirido su CD No te olvides de mí. Y, hete aquí, que ya llevo un tiempo escuchando eso de Deja de volverme loca, No me tires más besitos, una saeta enorme, El tránsito, y sobre todo Tengo miedo, canción de mi época, al menos la había escuchado por los años sesenta del siglo pasado. Y es que la lechuga también tiene sus devaneos musicales. Porque no es la copla lo que me atrae, sino cómo la dice esta Diana Navarro de voz tan atractiva, tan modulada. Tan extensa. De mis andanzas en la última semana de abril, quiero destacar mi presencia en Almería. Organizado por la Casa Regional de Murcia en Almería, tuvo lugar en el Salón de Plenos de la Excma. Diputación Provincial de Almería la presentación del libro de Lile González, La buena mesa y el mar, que efectuó un servidor de ustedes. En este acto estuvieron presentes Pura Vizcaíno y esposo, Geni Lidón y esposa, Manuel Castiñeira, al que en su día nombré cónsul general de Lorca en Almería, Pilar Lomba, su esposa, Germán y Marieta, que contraían matrimonio dos días después, por lo que hube de volver a Almería para desearles felicidad en su enlace y cumplir un deseo suyo, que tampoco era una orden para mí. Pero la noticia no es ni Lile, ni el libro, ni la lechuga. La noticia está en la misma Casa Regional en la que se reúnen los numerosos lorquinos que en Almería residen y ejercen profesión. Programan bastantes actos a lo largo del curso. Viajan, comen, desean respirar el aire tan lejano y tan cercano de su Lorca querida. Quiérese decir que está abierta a cualquier persona que desee hacer allí alguna actividad, regalar libros para su biblioteca, acercarse a sus componentes si viajan a Almería, sobre todo, cuando inauguren sus nuevos locales. Ellos se ocupan de llevar a su ciudad actual cosas de su ciudad de siempre. Por su medio se llega a cualquier lugar almeriense. Así, Ángela Mula podrá exponer sus grabados en una sala de la capital en noviembre de este mismo año. Cuando las lechugas estén envasadas, seguro que, con los directivos de este Arco Mediterráneo, iremos allí para presentar el producto. Palabra.
(Ilustración de Boldini)

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 9


9. De la lechuga hiperbreve a Don Quijote
“Cuando entró en el salón, conocí su mirada aviesa. Sin duda alguna debía haber ensayado ese modo de mirar sin ver en otros tantos espejos que le devolvían las cicatrices que le surcaban el rostro, producidas, sin duda alguna, por los arañazos de la vida. Aquí una gata, allá otras felinas. Las vampiresas de boca gesticulante le habían llenado el hígado de alcohol y vaciado el candor de sus ojos, si es que alguna vez lo tuvo. Creo que, cuando su madre lo miró por primera vez al fondo de los ojos, se asustó un poco, pero se consoló diciendo no viviré para ver esta nada tan fría. Pero tuvo que cumplir casi toda su biografía para llegar a ser lo que ya no es. La mayoría de las cosas que le pasaron a lo ancho de su vida y a lo largo de su existencia controlada se debió a su pasión por ser gallo y cantar siempre a destiempo y, como ya se sabe, en corral ajeno. Los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz, decía, pero a mí me duele el estómago y a ellos no, así que no hay progresión adecuada para un ser como yo. Por eso, no tengo ni sombra ni pasado, pero no lo digas que esa es mi leyenda y por ello aún no han acabado conmigo. Pasaba fiebre, se llenaba de irracionales razones porque, habiendo conculcado el mandamiento único que se ha de respetar, no te amargues la vida, que bastante tiene vivirla, le corroía la conciencia el saber que, ni aun habiendo llegado hasta ahí, el límite del bosque que te tapa el árbol, había solucionado nada, ni su problema, aunque, sin embargo, había yodado con jota, es decir, jodido, a todo el que tenía que padecer sus incongruencias. Pero no siempre fue así. Antes, al menos, no. Después es obvio que sí. Porque ni siquiera copió el gesto del simpático cuatrero de gesticular con las comisuras, como tampoco aprendió a sujetar la colilla con desarraigo, pero con un no sé qué matón. Así que, cuando le vi aparecer, supe con claridad que esa noche me tocaría llevarlo a su casa donde su madre, una de esas madres amparadoras de todo, ocultadoras de todo, protectoras de todo, que esperan, porque así lo desean, que un día, por arte de bilibirloque, se solucione todo, preguntaría que de dónde vienen los niños que nunca saben hacerse mayores. Porque, me dijo un día, los culpables son ellos, los demás. Y entre ese ellos estaba yo, ya que, en una ocasión, cuando el bar Comentarios se puso de moda, esperó inútilmente que lo colocara como factotum, porque no lo llamé. Él tenía eso guardado en el intestino delgado, pero su madre en la escasa memoria que le quedaba. Fui un desafecto porque le dije que estudiara francés para que pudiese, en el país vecino, dedicarse a hacer palomas, cosa que los autores de la Marsellesa no sabían hacer. E incluso, si quería hacerla con miel, le regalaba la fórmula, a pesar de ser un secreto escrupulosamente guardado por mi familia ab illo tempore, que es lo mismo que decir una burrada de años. Sus últimas palabras la última vez que lo vi fueron: “Peter Pan no nos salvará”. Y desapareció de la lontananza que podía ver desde mi lugar, siempre a la puerta del negocio, porque sólo el ojo del amo engorda la ración de vista”. Con este relato hiperbreve ganó el premio Urbano Manero. Y el puñetero amigo, como no tiene lugar en el que publicar su éxitos literarios, me pidió un día de estos que se lo pusiera en la hoja de la lechuga y yo lo hago así porque me ahorro de escribirla entera. Así lo efectúo, en la confianza de que Gloria y Gertrudis transijan, aunque tampoco lo jaleen. Espero que poco a poco vaya aumentando la inutilidad de la sorpresa y que la lechuga crezca, aunque no quiero que me den la sal de la gracia porque el médico me la tiene prohibida y vamos a ir en contra de la lealtad de la palabra en días tan críticos como el de hoy. Y es que cuando salga esta lechuga del lechugar ya estaremos en mayo y las cosas, por el tiempo trancurrido, habrán variado por las perspectivas que dan la reflexión y el olvido. Pero siempre habrá algo, un algo, que será verdad aun dentro de la mentira que representa la globalidad en la que se haya. Así que todos y cada uno tenemos una posición distinta por lo que esa cosa verdad la vemos de modo diferente, sin que la verdad de cada uno haga una verdad completa. Por ejemplo, el Quijote. ¿Hay que leer el Quijote o hay que leer? Si la lectura del Quijote hace que continúe la lectura de otros libros, pues qué bien. En caso contrario debemos inventar un día del Quijote que sea eterno, que dure toda la vida. Pero, como no es así, cuando leáis el Quijote, os recomiendo que leáis también Al morir Don Quijote, de Andrés Trapiello. En la lectura pública del veintidós del pasado, me tocó leer un trozo del tercer capítulo. El capítulo III del Quijote de Trapiello se inicia así: “Al morir don Quijote el pueblo comenzaba a despertarse y no se oía ni una voz, ni unos pasos, ni los cascos de las caballerías sobre las piedras, ni el atropellado menudeo de las pezuñas de las cabras, como caireles. Nada. Sólo los gallos. Y algún perro”. Ni el nacimiento de una hoja de lechuga, añado yo. Pero, en verdad, es que no era lunes, y el Arco descansaba en el Mediterráneo de Calabardina, en el que llevo ya unos días para ver si como menos y adelgazo unos gramos de los diez kilos que me ha ordenado el médico que pierda y no sé cómo. Quizá con hojas de lechuga.

DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 8



8. Debajo de la lechuga hace recencio
Lo que me queda de mes lo voy a pasar de muerte. Finalizadas las ceremonias gregorianas, sólo me queda una larga carrera. He escapado del festín mediático y he tenido suerte de que el fontanero me arreglara en estos días el techo del cuarto de aseo que he tenido en baja forma desde el mes de junio el año pasado, pues por él escapaba el agua del baño de mi vecino de arriba y han tardado todo este tiempo en ponerse de acuerdo de qué se trataba y de quién iba a pagar. Sobre todo, de esto último. He salido absuelto. Menos mal, pues este mes tengo dos bodas y una con desplazamiento incluido. Entre medias, unos que no se levantan y otros que han permanecido siempre de pie y se asombran de que no todos hayan participado de estos sentimientos multitudinarios. Y es que ahora todo se hace en grande. El sufrimiento no debe ser colectivo sino de muchos miles más ante las cámaras a pesar de los avisos racionales y así hacer que todo sea un caos más o menos perfecto, que para eso están las oeneges y las botellas de agua de un cuarto de litro como prueba sensata de que tampoco hay que abusar del agua (ni despilfarrarla), que algo tendrá cuando la bendicen y afortunadamente es cara, pues, en caso contrario, sería cosa de pobres. Deben estar, por esto, contentos, los de Castilla-La Mancha: así no hay trasvase. Aunque el agua en verdad sí llega, aunque no del cauce oficial, sino de Solán de Cabras y otros manantiales de reconocido prestigio, la del manantial El Angosto, Fuente Frank, con lo que estas aguas concretas son un negocio que produce divisas regionales. (También es verdad que se paga cara y religiosamente el agua que sale por el grifo y está más mala que la de Carabaña). Espero que lo tengan claro: ¿quién va a ir al jugar al golf a Castilla-La Mancha con el clima que tiene Castilla-La Mancha, si cuando sopla una chispa en Lorca la gente dice viene un Chinchilla? (No saben lo bonito que queda decir hace un recencio). Claro que Chinchilla antes era de Albacete y Albacete formaba parte del antiguo reino de Murcia y no quiso seguir, ¿por qué te fuiste? Tan es así que hoy es Castilla. Castilla siempre será tierra de santos (aguantadores) porque hay que ir siempre convenientemente tapado, vestido de austeridad, si es de sayo mejor, dado el fresco reinante hasta en verano. Aquí, en este lugarejo, que por no tener no tiene ni agua para su agricultura, por lo que da es por ir en pelotas (los que se las tapan es porque las tienen pequeñas o sus mamás, sus guarderías o sus oeneges se lo prohíben). Por eso es lugar de pecado y el homo murcianicus debe ser flagelado, humillado, jodido (en el mal sentido, en el bueno no que es placentero) para ejemplo de las generaciones futuras por pedir agua y más agua sin decir para qué y era para los campos de golf, qué pillos. Pero si me aprietas un poco, el homo murcianicus u homo zarangollus sólo es un ejemplar de temporada, la que duran las fiestas de primavera, mientras la playa está en su sitio todo el año y Calabardina, aunque pinten las paredes de las casas con eso del hip hop sigue avanzando y la cerveza la hayan puesto cara, es lugar apropiado para ir en bolas, los tímidos en sus casas, como yo, porque para qué voy a enseñarlas, se reirían de mí, cada cosa en su época y antes no dejaban y ahora para qué. Por eso voy a correr hasta final de mes. Tengo que estar en Almería el día 28 presentando el libro de Lile, el 29 en Bullas para dar una conferencia sobre Alfonso Carreño, que ganas tenía yo, de nuevo el 30 en Almería para decirles no sé que cosas a Germán y Marieta que se casan. Todo esto sin contar con las cosas del Quijote en un programa que va a durar hasta el final del año, digo durar el Quijote y el programa. Por eso me queda un tiempo en el que tengo que correr tras de mí mismo para preparar todas esas cosas. Cuando acabé de contarle todo esto al Pedro, el amigo del Blas, el del arroz con caracoles que me tengo que comer no sé cuándo pues él lo tiene que preparar, y al Bujeque, el Pedro llegó y me dijo, maestro, mira esta que acaba de decirme que soy un albañil y en mi vida he visto un ladrillo. ¡Qué ojo tiene! ¡Qué pichicóloga es! No le hagas caso -intervine-, que ahora viene su novio y ya la tenemos emprendida. Pero no pudo ser. Hasta que no llegamos a la media docena aquello no paró. Y que sepas, me dijo, que mañana me compraré un Mercedes. Pedro no tiene carné pero ya tiene coche. Casi como yo, que sólo tengo lechuga para hacer una ensalada. Y mira que son feos los zaragüelles y a ti qué más te da. También se usan o usaban en Aragón. Y no sé si es que nos los quieren quitar –los pantalones– o que reclaman nuestro territorio por cuestiones históricas, que eso está de moda cochina. ¿Es que no saben los lorquinos que fuimos –antiguamente– repoblados por antepasados del innombrable, toda vez que es aragonés y el agua de quien tiene sed? En caso contrario, preguntádselo a Pedro. Es lo más serio que he visto en mi vida, pero cuando va por el sexto es hasta gracioso. Por el sexto cubata, no por el sexto mandamiento. Porque si hacer un campo de golf en Beteta hubiese sido rentable, ¿acaso no lo hubiese hecho quien tú sabes? ¿Uno? No. ¿El otro? No. ¿Quién? Pues, el Grupo ONCE. ¿Serás capullo, no ves que no ven? ¿Acaso no es su agua oficial Solán de Cabras, o no sabes leer? Las dos cosas, dijo, mientras me apuntaba con el índice y yo esquivaba el balazo, porque eso es algo que a nosotros nada, porque ni golf, ni agua, pero mi Mercedes no me lo quita nadie.