DEBAJO DE LA HOJA DE LA LECHUGA 22

Nada más lejos de mí que la política o, mejor dicho, que la interpretación que de la política hacen algunos políticos de altura, dentro de su lógica formación partidista y preparación ideológica y técnica, puesto que los de otra escala, al parecer, no necesitan tanto: a unos y otros se les exige fidelidad al que lo ha nombrado o puesto en el sitio oportuno en el momento oportuno, en realidad cada uno depende de su jefe, o séase, del control, aunque no sepamos quién controla el control. Los votas, con uve, se instalan en el poder y, en lugar de hacer política de estado, hacen política dicen que de partido, por aquello de que es su programa de elecciones, lo han de cumplir y, por más que lo hagan mal, no los puedes botar con be. Además, se resisten a irse. Vean, si no, lo que sucede con Schröder. Y lo mismo pasará con la Angela Merkel, ganadas unas elecciones sin el poder que, por cierto, transforma: mírese, por favor, el rostro de Miterrand y se verá un cambio con el que tenía antes de la crisis, sube sube que te pilla la nube. No sé si en el programa del Bush hijo (baja baja que te pilla la graja) estaba el abandono de los negros afro de la mestiza Nueva Orleans, pero, si William Faulkner viviera, su pluma lloraría sangre negra y los lamentos de la trompeta de Louis Armstrong serían no sólo trágicos sino dignos del requiem más triste jamás musicado, más que el de Beethoven. Esta ciudad, bueno, en verdad la parte negra, ha muerto joven: 1712-2005. Doscientos noventa y tres años es muy poco para que una ciudad muera, pero, como decían los griegos, sólo mueren jóvenes los amados por los dioses, aunque en este caso ha fallecido por dejadez política: ha sido un trágico gol de verbena por un exceso de vista nada deportivo. Pues bien, y siguiendo con el hilo de lo nuestro, en el ejercicio de la política (lo que interesa es el partido, del votante se olvidan hasta las próximas elecciones), ves cómo se aprueban cosas, es decir, más urbanizaciones que leyes, o excisiones sangrientas, no por mayoría, sino por coaliciones, por lo que los ganadores están cogidos por las bolas por la coalición, o séase, ERC al PSC, o mejor expresado, Carold Rovira, heterónimo sin lustre, se los tiene cogidos a Joan Maragall, nieto de un poeta nacionalista tardo-romántico y de raza le viene al galgo. Estos políticos, ilusionados todos por lo llamativo del estallido nacionalista y separatista, cercano al extremismo integrista por un lado o al neonacionalismo pequeño y localista por otro, hacen cosas que a parte de su electorado no placen. Así que, reivindica que algo queda. Cataluña reivindica su identidad de España y los del valle de Arán de Cataluña. Algún día de estos algún barrio que otro reivindicará su pedigrí. Pero, esos políticos lo hacen porque tienen el voto, no para cumplir con lo que el votante desea, pues para eso lo votó, sino para realizar designios que quizá sólo están en la letra pequeña del programa del partido, o vaya usted a saber. Esos políticos, aunque digan lo que sea de cara al pueblo, son unos neo-déspotas-ilustrados que gobiernan, dicen, para el pueblo, pero sin él, quizá con o sin el partido, pero eso ni nos interesa, quizá sólo contando con la ejecutiva y eso es de régimen interno, cambiando las cosas a golpe de ladrillo, después me voy y aquí os dejo el paquete y eso sí es de nuestra incumbencia. Pasa lo que en los clubes de fútbol: se lo entregan a un entrenador para que haga eficaz el cuadrado mágico, lástima que no sea el de Plaitex, aquel ficha lo que quiere, no obtiene resultados, lo echan, se va y deja el paquete, es decir, al club hipotecado hasta caer en la tiranía o dictadura del próximo entrenador, por más que haya pertenecido al club todo su vida y lleve sus colores en el corazón. Y la afición queda abochornada. Tal Gaspar, cual Florentino. Así que todo ha cambiado tanto que es difícil reconocer una actuación pública coherente, desinteresada y eficaz en cualquier lugar del mundo mundial, incluida la ONU de Kofi Annan. Los gestos populistas no valen, para eso está Hugo Chávez, el nuevo predicador venezolano de una secta que dejará al país más seco que las ubres de una vaca recién ordeñada y que tardará cientos de años en marcharse y dejar libre al pueblo, tantos como el camarada y compañero Fidel, el tío del puro, que, en un arranque moralizador, ni deja que haga escala en la vieja, demacrada y hambrienta Habana el turismo rico que sólo busca la piedra angular del arco del triunfo, la entrepierna, que no es mal sitio, qué buen moralizador el Fidel, pobre Cuba sin rostro, en la que sólo se puede ser amante difunto. Pero todo está acorde. ¿Cómo van a saber elegir las masas formadas ad hoc, es decir, los neoanalfabetos que sólo han sido preparadas para el consumo por la cultura de masas, que progresan inadecuadamente y acrecientan el fracaso escolar? Eso no conviene a un país. Podrá convenir a las multinacionales y a los que pescan en ríos revueltos. ¿Qué beneficios traerá al consumidor la OPA de Gas Natural contra ENDESA? Estamos hablando de muchos miles de millones de euros, pero, detrás de ello puede haber otras historias en las que andan las entidades de ahorro por en medio, sin señalar, noi. Y posiblemente por detrás también haya una intención política. Pero esto no lo ve un españolito de a pie ni hace falta que se lo cuentes porque él le da igual. Y quizá lleven razón. De todos modos van a hacer lo que quieran los que lo decidan porque muchas veces el poder es un juguete en manos de otros intereses estratégicos del dinero, esté donde esté y sea de quien sea. Los ricos, que ya son bastante ricos, serán más ricos, al precio que sea, precio que pagará el consumidor, y los pobres ya no podrán ser más pobres, aunque les quedan dos alternativas, ser pobres de solemnidad o ser pobres vergonzantes. Porque ya no se puede ser pobres de la marquesa ni pobres de los viernes, como los que conocí en mi infancia. La gente, con pagar los recibos de la contribución, de la luz, del agua y similares cumple, qué más da si la calidad de la enseñanza, de la sanidad y de la vida en general no sea la óptima. Lo arreglará el partido a quien le dio el voto. Me recuerda esto al tío aquel que, tras una noche de alcohol, sexo y alguna que otra raya, cuando recobró el aliento hecho un hecce homo, demacrado, con dolores hasta en el hígado, dijo entusiasmado: ¡qué bien lo pasemos! Pero yo me quedo con lo que el payés decía, aunque en catalán: nos han jodido (futut?) y no nos han pagado (pagat?). ¿Verdad que es bonito? Nota: cuando el catalán sea lengua oficial, lo estudiaré, si vivo.














